Únicos resultados comprobables

Nos distrajimos unos meses por un proceso  electoral, en el que los peruanos invirtieron mucha pasión. Se evidenciaron más bajezas que altruismo. Buenas ideas para salir de la crisis, fueron escasas. Por lo que es ahora necesario abrirnos a consensos, que sólo pueden estar basados en una certeza, acordes a los estándares internacionales.

El Perú ha colapsado con más de 190,000 muertes, 3.3 millones de nuevos pobres, una reducción de la clase media de 46% a 34% y el deterioro de la reputación de la política como mecanismo de solución de los problemas sociales. Todo en un año de ineficiencia.

Escribo estas líneas desde Alemania, país más cercano e interconectado con China, donde se originó la pandemia. En comparación con el número de habitantes, fallecieron en el Perú no el doble ni el triple, sino diez veces más personas  que en el país europeo. Y creció en nuestro país  el desempleo, así como se devaluó la moneda. En Alemania, en cambio, la pandemia genera más trabajo y un fortalecimiento de su moneda, así como una espectacular subida de la Bolsa de Valores 

¿Qué hicimos mal?  Muchas  cosas. como copiarnos tantas medidas  absurdas. Es una característica de la ineptitud el aplicar restricciones y prohibiciones. 

Para disimular ineficacia, en el Perú muchos se  jactan de  mencionar  instituciones con nombres que suenan a democracia.  Usamos  palabras altisonantes como Defensoría del Pueblo y Constitución, en tanto que poco se ha podido defender a un pueblo que padece de hambre y enfermedad. Y menos se ha podido constituir un sistema  que  integre a una mayoría de informales  Y, a falta de ideas, hay quienes se dan el lujo  de  citar a  ideólogos alemanes para favorecer o condenar tendencias.

A propósito de ello, debo recordar que hace unos años hice una entrevista a un presidente de la República Federal Alemana, reconocido constitucionalista. En la conversación -que publiqué en un diario peruano- este me dijo: “en el Perú llaman Constitución a un programa político, que cada cierto tiempo cambia”.

En efecto, la Constitución, como su nombre lo indica, es la carta constitutiva de un Estado. Celebramos el Bicentenario de la Independencia y de la creación de la República con casi una docena de constituciones. Países como Alemania, los Estados Unidos de América y otros solo tienen una única Constitución, que puede sufrir enmiendas, pero no se cambia.

En una República como la alemana nadie se alarma que la Señora Merkel gobernara 17 años, ni mucho menos, a cara de las próximas elecciones, que existan rojos así como verdes en una contienda electoral. Simplemente eso no es tema. Y si alguien lo mencionara haría el ridículo. Porque la política está para sumar, y no para restar.

Lo lamentable es que también, en base a estos ordenamientos, se basan actos jurídicos que asumimos como “normales” pero que en la práctica encarecen nuestros procesos y dejan muchas víctimas. Como ejemplo, la llamada segunda vuelta, que no  se aplica en los países mas importantes del mundo, sino en aquellos en los que la democracia suscita dudas. 

Algunos críticos, ante estas ocurrencias,  se preguntarán: ¿Entonces por qué no una Tercera Vuelta? Lo más rescatable de este dramático proceso electoral  es la  alta capacidad profesional  que mantuvieron los diplomáticos  que tuvieron la dura tarea de  facilitar a los peruanos el voto aún en países con pandemia.

* Jurista, diplomático y escritor