Unidad nacional más allá de la polarización electoral

La polarización

En los últimos lustros ha habido un incremento evolutivo en la decepción de la población respecto a toda la clase política peruana, pues si bien las cifras macroeconómicas se han manejado muy bien, no ha habido la misma gestión en temas esenciales como la educación, salud, lucha contra la pobreza, los servicios básicos, lucha contra la corrupción, lucha contra la delincuencia y el narcotráfico; mucho menos, modernidad ni tecnología ni industrialización.

Es comprobable que hemos reducido la pobreza, incluida la extrema, y que hemos crecido macroeconómicamente, pero, nos ha faltado gestión y eficiencia para que alcance a los más desfavorecidos. Cierto que se ha provisto de recursos los Gobiernos Regionales de fondos para atender a sus jurisdicciones territoriales, pero la  corrupción ha campeado. Prueba de ello son los Gobernadores  sentenciados, cuando no encarcelados, por ese delito.

La pandemia vigente ha revelado todas nuestras debilidades, carencias, fragilidades y ha crispado a un sector de la  población que está irritado.

Ese descontento y decepción lo ha sabido canalizar uno de los candidatos (Castillo); mientras la candidata Fujimori representa, nos guste o no, una continuidad. Aunque se heralde con «cambio adelante», la percepción es que es “más de lo mismo», aunque existan mejores y efectivos planteamientos y programas económicos conforme se vio en el último debate.

¿Opciones políticas irreconciliables?

El partido de Castillo representa intereses de sectores descontentos con la clase política y apuestan por un cambio aunque este signifique una incertidumbre. Fuerza Popular, por su parte, tiene una ideología más liberal o conservadora.

Es a todas luces una contienda entre la derecha y la izquierda peruana. Por ello, los puntos de coincidencia son escasos.

La vigente irreconciabilidad política nos lleva a una dramática situación de aguda incertidumbre que afecta a toda la población peruana, antes de las elecciones del domingo 6 de junio, lo que nunca se ha visto tan flagrantemente.

Posibilidades de unidad nacional

Por lo pronto, considero que lo más importante, hacia esa unidad nacional, es resaltar que ambos partidos han apostado por una contienda en un marco de elecciones libres, democráticas y transparentes.

En tal sentido, el candidato que pierda debe reconocer y apoyar al candidato ganador, pues ha de ser el resultado del voto mayoritario de los peruanos. Ese apoyo, desde luego, no debe ser condicionado a alguna ventaja partidaria.

Asimismo, quien resulte ganador, no podrá gobernar sino hace una gran convocatoria, con las otras  fuerzas políticas, congresales, con un sentimiento de convicción nacional por el bienestar; y, tienda puentes, fomente consensos. De otra forma, el Perú se daña, se destruye, se pierden empleos; y,  está situación no se la merecen los peruanos emprendedores, estudiantes, amas de casa, Pymes, Mypes, jóvenes graduados, profesionales  empeñosos, pequeños empresarios, entre otros.

Los dos partidos políticos en contienda están en empate técnico. Es probable que el voto peruano en el  exterior, cerca de un millón, con un promedio en los últimos comicios, de sufragantes en un 50 por cierto, resuelva este dramático incordio.

Ambos candidatos presidenciales tienen fortalezas, pero también debilidades y riesgos. El pueblo peruano está en un dilema que debe resolver con su propia conciencia y amor por el Perú.

Ambos candidatos tienen la misma capacidad de convocatoria hacia la unidad nacional. Se espera una oposición responsable, que no imponga condiciones, sino que trabaje por proyectos consecuentes a sus planes de gobierno y ofrecimientos a la Nación.

Los peruanos anhelan soluciones a los problemas que durante este último quinquenio se han manifestado más agudamente. Sabemos que no hay magias, pero tenemos fe y esperanza en que hemos sabido remontar a lo largo de nuestra historia circunstancias adversas, coyunturas muy difíciles, sin extremismos, sino unidos.

* Jurista y diplomático