Resultados electorales, fundada esperanza

Al proceso de las elecciones presidenciales en estos “terribles años 20” del Siglo XXI, se le agrega y complementa un “tras piedras palos”. El resultado de la primera vuelta llama la atención. De un lado, porque que entre los 18 candidatos presidenciales, la votación ciudadana se inclinó a favor de Keiko Fujimori (tres veces apresada abusivamente por la fiscalía por razones políticas, y sin que formalice ningún proceso judicial, luego de tanto tiempo y tanta bulla política). Del otro lado, los electores votaron por uno de los partidos comunistas más desconocido y peor manchado por la corrupción, por delitos ya investigados y sancionados penalmente (no hay aquí lugar a la presunción de inocencia), siendo el candidato presidencial un dirigente del sindicato de profesores escolares, de abierta identificación con la militancia marxista en sus más de 50 años de existencia.

La sociedad peruana viene sufriendo diversos colapsos, desde que se inició este siglo XXI. Por estar sometida al juego marxista gramsciano, por el poder político y cultural, a causa de las influyentes ONGs derecho-humanistas y a la mediocre élite académica universitaria, saturadamente ideologizada y por tanto desbordante del sesgo prejuicioso, y por supuesto como carente criterio científico. Todas las decisiones en el ámbito de la moral educacional, de la virtud patriótica, de la ética cívica y de la expresión de la dignidad nacional mediante el cultivo del amor a la Historia y a nuestras Fuerzas Armadas, han sido desmontadas y desaparecidas, de la niñez y de la juventud estudiosa, así como del ciudadano.

El cuarto quinquenio del presente siglo, se inició políticamente en el 2016 bajo la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), era “el economista esperado” que nos sacaría de la terrible crisis productiva y económica a la que había retrocedido el país gracias al gobierno del militar de izquierdas Ollanta Humala, cinco años perdidos para el desarrollo social. Pero, la administración PPK trajo cinco años de mayores desgracias políticas y económicas, dando el entorno adecuado para un autogolpe de la izquierda gramsciana (o caviar) que se hizo del poder político.

¿Se podría tener “fundada esperanza” cuando políticamente ha sucedido de todo en los últimos cinco años? Razonablemente debió gobernar Keiko Fujimori en el 2016, su partido había obtenido una holgada mayoría parlamentaria de más del 56% en la unicameral. Vale recordar que en el segundo gobierno de Belaunde (1980-1985), su partido tuvo el 43% del Senado y el 54 % de la Cámara de Diputados, además de los votos de las bancadas aliadas. Y, con respecto al primer gobierno de Alan García (1985-1990), su partido tuvo más de la mitad del Senado y el 60% de la Cámara de Diputados.

La segunda vuelta del 2016, que ganó PPK, fue el segundo balotaje electoral en derrota de Keiko Fujimori. Pues, ya en el 2011, ella había sido derrotada en balotaje electoral por, increíblemente el pésimo candidato y político advenedizo de mala reputación, Ollanta Humala.

En las elecciones peruanas la influencia de los medios de comunicación (prensa escrita, tv y radio) es cuasi-determinante. Los propietarios de los medios seleccionan en clan, oligopólicamente, a los tres candidatos a los que darán sus espacios, los demás ni cuentan ni existen para la prensa. Es decir, la liberta de prensa, en el Perú, no es el derecho de ser informado con la verdad, sino el derecho abusivo de los propietarios de los medios, para determinar qué se informa y qué se oculta.

Las encuestas que “predicen” los resultados electorales, son instrumentos de manipulación de la voluntad electoral y la vehemencia partidista. Según Gallup, la madre de todas las encuestadoras, una consulta de la opinión ciudadana, tan sólo recoge lo que los medios de prensa han sostenido las dos semanas previas. Por lo tanto, el círculo vicioso de las pesas y contrapesas para inclinar al electoral, está cerrado.

Esta prensa apoyó resueltamente, durante gran parte de su período, a Alberto Fujimori, suscitando así el consenso favorable para sostener la estabilización de su gestión. Fujimori finalizó su gobierno, de diez años, traumáticamente y con la prensa muy en contra.

Pero, a pesar de los dados cargados por el trust de las escasos conglomerados de familias propietarias de la prensa oligopólica, los ciudadanos peruanos insisten en expresar su voluntad en lo que intuyen como expresión política. Sin embargo, andan desorientados por las campañas de prensa. Y, mucho más desorientados por los propios candidatos que surgen en cada proceso electoral.

En el Perú, no hay clase política. Ni partidos políticos estables. Las corrientes políticas edifican las estructuras organizativas en torno a liderazgos caudillistas, que tras su ciclo de vida personal, el proyecto político no trasciende la vida terrenal del promotor.

Hay capítulos de nuestra historia que traumaron la época en que sucedieron los hechos. Me viene a la memoria el desastre de Ingavi, batalla de 1841 en que muere el presidente del Perú general Agustín Gamarra, y la consecuente derrota militar del Perú, así como el entierro de la aspiración de re-unir bajo un solo estado a Bolivia y Perú. A la que Bartolomé Herrera, entonces párroco de Lurín, tuvo a su cargo una hermosa oración fúnebre en la que lee e interpreta acertadamente el itinerario de nuestra Patria y de nuestra Nación.

Estamos en una hora difícil, electoralmente el Perú tiene la posibilidad de elegir un gobierno marxista, que significa dictadura y no democracia, infelicidad, totalitarismo, liquidación de las libertades y persecución religiosa, así como negación del derecho natural.

Pero, tenga fundadas esperanzas en que los resultados electorales serán los que la Nación Peruana merece.