La Cancillería y el Bicentenario

Aspectos históricos

El 3 de agosto de 1821, es decir, cinco días después de proclamada la independencia del Perú, mediante Decreto expedido por el General don José de San Martín, se creó el Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores –entonces denominado Secretaría de Estado– y se designó a don Juan García del Río –diplomático nacido en Cartagena- como Ministro de Estado. Así, la Cancillería se convierte en la institución más antigua de nuestro país en su vida independiente.​

Posteriormente, en marzo de 1857, durante la jefatura de don Manuel Ortiz de Zevallos como Ministro de Relaciones Exteriores, se organizó internamente la Cancillería en dos Secciones: la de Ultramar y la Continental.

En diciembre de 1865, durante el gobierno de Mariano Ignacio Prado, el Ministerio se dividió en dos Secciones: Diplomática; y, de Consulados, Cancillería y Contabilidad.

A las modificaciones antes mencionadas, se suceden una serie de dispositivos que se decretaron respecto a la organización interna del Ministerio de Relaciones Exteriores.

La visión nacional de Torre Tagle

Somos una Nación soberana, emergente, con ingentes y privilegiados recursos naturales en nuestra minería, nuestra riqueza marina, nuestra amazonía, nuestros recursos hídricos y nuestra tradicional e histórica vocación agraria y la multiplicidad climática y ecológica que la potencian.

Con una posición geo-estratégica central en el continente sudamericano y con una proyección natural al Asia Pacífico. Identificada con los valores democráticos y asociada con la economía social de mercado, una Nación pluricultural y multiétnica, con derechos plenos y soberanos; históricamente respetuosa de los tratados internacionales y de las Cartas constitutivas de ONU y OEA, con legítimas  aspiraciones para ingresar a OCDE y practicante de la cooperación internacional.

Naturalmente, el impacto generado por la pandemia de la Covid-19 nos exige respuestas urgentes  al reto de mejoras cualitativas y cuantitativas en la salud pública nacional, en lo que está decididamente empeñada la diplomacia peruana para contribuir a su solución.

En ese contexto, la Cancillería, históricamente, ha venido promoviendo, protegiendo y defendiendo, a través de la acción diplomática, nuestra soberanía nacional y los intereses permanentes del Estado peruano y de la Nación en su conjunto, para la consolidación de un Proyecto Nacional que permita un desarrollo sostenible, inclusivo y solidario de nuestra Nación.

La política exterior del Perú y sus desafíos

El Ministerio de Relaciones Exteriores es un órgano del Poder Ejecutivo que ejerce sus funciones dentro de los siguientes ámbitos de competencia: política exterior, relaciones internacionales y cooperación internacional; todos ellos sustentados en el pleno respeto del Derecho Internacional.

En el marco del Bicentenario de la República y a los 200 años fundacionales de nuestra Cancillería, debemos resaltar los principales aspectos de nuestra política exterior.

El Estado Peruano es miembro de las Naciones Unidas – ONU (y de todas sus agencias especializadas: por ejemplo, FAO, UNICEF, UNCTAD, Banco Mundial, FMI, UNODC, Organización Mundial de Comercio – OMC, Organización Mundial de la Propiedad Intelectual – OMPI, etc.), de la Organización de Estados Americanos – OEA, Banco Latinoamericano de Comercio Exterior, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – CELAC, Alianza del Pacífico, Foro para el Progreso de América del Sur – PROSUR, Organización del Tratado de Cooperación Amazónica – OTCA, Banco de Desarrollo de América Latina – CAF, Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe – SELA, la Comunidad Andina – CAN, entre otros, teniendo una representación y participación activa en los mencionados foros internacionales, los cuales, coadyuvan a fortalecer las relaciones peruanas con sus pares en la región y en la comunidad subregional, regional y mundial, activando una serie de herramientas de cooperación y recursos asistenciales a su disposición para los fines de cada organización aludida.

Por el lado jurisdiccional, el Estado Peruano ha aceptado la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha acogido la jurisdicción de la Corte Penal Internacional tras haber ratificado el Estatuto de Roma y reconoce, naturalmente, los fallos de la Corte Internacional de Justicia, habiendo ventilado el caso relativo al diferendo marítimo con Chile.

En dicho contexto, es innegable resaltar el buen manejo y credibilidad que el Estado Peruano ha ganado a nivel internacional y que constantemente es fortalecido e innovado, debido a que la política exterior peruana no es política gubernamental, sino que es política de Estado. Me refiero, de manera específica, a que nuestra posición a nivel internacional no debe verse afectada por sesgos políticos, ya que hay 200 años de historia y prestigio obtenido por la Cancillería que deben prevalecer a favor de los intereses del Estado. Obviamente, que nos basamos en principios de Derecho Internacional como son el respeto a los tratados, propugnar la soberanía permanente del Estado sobre sus riquezas y recursos naturales, solución pacífica de controversias, no intervención en asuntos internos, al espíritu de solidaridad, a la voluntad de cooperación, es decir, al compromiso primordial de preservar y cautelar, los derechos del ser humano; y a la par de cuidar a la paz y seguridad del planeta.

El fenómeno migratorio es de especial interés y compromiso para el Perú y su política exterior acorde con el Derecho Internacional Humanitario que acoge solidariamente, a más de un millón de hermanos venezolanos. También ha coadyuvado a la creación de sendas curules para que las Comunidades de Peruanos en el exterior ejerzan a plenitud sus derechos y deberes ciudadanos, manifestados en su compromiso de pertenencia a la Patria que los vio nacer y a la que contribuyen, inclusivamente, con remesas que aportan al desarrollo nacional.

Por ello, nuestro principal objetivo debe ser fortalecer el multilateralismo y los lazos diplomáticos que el Estado Peruano ha fomentado durante años y décadas, con la finalidad de mantener dinámica la cooperación internacional y estimular el largo y sinuoso camino de la auténtica colaboración interestatal, lo que tiene incidencia directa en la voluntad integradora, que debe existir entre los Estados.

Nuestros límites territoriales ya se encuentran definidos, lo que se proyecta en sendos Gabinetes Binacionales; nuestras alianzas y bloques de cooperación en los distintos foros se hallan delimitados; la reafirmación de nuestros intereses a nivel internacional se encuentra en proceso (adhesión a la OCDE, ejecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS, compromiso con la defensa y preservación medioambiental, etc.), y en manos de nuestras principales delegaciones, razones por las cuales nuestro próximo poder ejecutivo deberá ser propositivo e innovador, ya que nuestro comportamiento internacional nos ha otorgado significativos beneficios y buenos réditos a nivel de inversiones, comercio e imagen de seriedad y apego al derecho internacional.

Es a través de la Cancillería que debemos apuntar a nuestro principal objetivo y horizonte que es el de fortalecer y afianzar nuestros acuerdos comerciales a través de nuestra política de comercio exterior y mantener nuestra posición diplomática en la Cuenca del Pacífico, próspera pertenencia, que nos viene generando dividendos.

La dinámica global, en el mundo volátil vigente, nos demanda dinamizar acciones como evaluar la efectividad de la OMS y de la OPS, de las que somos miembros y contribuir a su fortalecimiento.

También tenemos que adherirnos a la Convención del Mar, estando pendiente, asimismo, la aprobación parlamentaria del Acuerdo de Escazú y el TPP-11 (Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico).

Asimismo, la implementación del Corredor Ferroviario Bioceánico Central (CFBC), destinado a unir los puertos de Ilo al sur del Perú (Océano Pacífico) y Santos en Brasil (Océano Atlántico) a través de Bolivia, con ramales a Paraguay y Uruguay.

También debemos promover la revitalización del Convenio Andino de Salud “Hipólito Unanue” para dar respuestas eficientes a una pandemia que no reconoce fronteras y a futuros riesgos de salud pública.

Asimismo, tendremos que incentivar la presencia del Perú en entidades que nos generen resultados prácticos para atender las necesidades de nuestra población: inversiones, salud, ciencia, tecnología, seguridad alimentaria, entre otros rubros que exigen experiencia y preparación técnica.

En definitiva, es indispensable disponer de una diplomacia eficiente y efectiva que genere y dinamice beneficios para todo el pueblo peruano.