El humanismo de Daisaku Ikeda

Como sabemos, la Soka Gakkai International (SGI) es la organización budista laica más extensa e influyente de Japón, con millones de adherentes en el mundo y con un partido político afiliado, Komeito (el Partido de Gobierno Limpio). Daisaku Ikeda, Presidente de la SGI, nos advierte que si un político tiene espíritu religioso, nunca debería imponer su fe a los demás, sino que fundamentalmente debe estar al servicio de la nación y del pueblo, siendo el fundamento humanista la defensa de la dignidad de la vida de cada ser humano. En esa lógica, la SGI ha apoyado las iniciativas y esfuerzos de la ONU en las acciones hacia la promoción universal de los derechos humanos.

Cabe destacar que el derecho a la paz tiene su fundamento, como el de todos los derechos humanos, en el hecho de que la persona humana tiene una dignidad que el bien mismo de la comunidad supone y que imperiosamente ha de ser respetada. Esta paz debe ser duradera, considerando que el ser humano tiene el derecho a gozar de iguales oportunidades sea cual fuera su nacionalidad o su raza, su ideología o creencia religiosa.

Es relevante el rechazo de Ikeda a toda clase de armamentismo, definiendo a las armas nucleares como artefactos inhumanos, pues subyace en estas la falta de respeto por la dignidad humana. Ikeda ha señalado que las armas nucleares aniquilan a millares de personas en un instante, siendo de catástrofe impacto sobre el medio ambiente y que los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki son la prueba de cuán inhumanas son dichas armas.

En tal contexto, la significancia del sistema de seguridad de las Naciones Unidas se ve reducida a las medidas para el mantenimiento de la paz en un determinado número de naciones, cuando debiera constituirse en el sistema de seguridad colectiva superior y prioritario. Si así fuera, entonces, todos los conflictos de importancia política internacional tendrían que ser abordados dentro del marco del Consejo de Seguridad y tendría que estar en la situación de influir en la conducta de los miembros de las Naciones Unidas. El riesgo de la proliferación de armas nucleares y el problema del terrorismo, son cuestiones en las que el Consejo de Seguridad no ha podido actuar de acuerdo a la letra y al espíritu de la Carta de las Naciones Unidas. Todos los países, incluyendo, por supuesto, el Perú, deberían marcar una línea de acción pragmática frente al armamentismo como amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

Respecto a la globalización, Ikeda nos ilustra que la obsesión por los índices macroeconómicos y las tasas de crecimiento a menudo termina relegando a un segundo plano la preocupación por la vida, la dignidad y la subsistencia de los individuos, constituyéndose el diálogo en una forma de enfrentar este problema, para generar comprensión y evitar la violencia. En ese sentido, conviene recordar que el 2021 se celebra los 102 años de la OIT y los 32 años del  Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales, que establece mecanismos de diálogo intercultural y consulta previa.

Asimismo, Daisaku Ikeda insiste en la necesidad de redactar reglas internacionales para la globalización y crear una sociedad global diversa y cooperativa, pasar de una globalización que opera bajo la ley de la selva, a una globalización basada en la consciencia cooperativa. Es preciso decir que el mundo atraviesa por un Nuevo Orden Político-Económico, donde el sentido de multilateralismo y multipolaridad, se confluyen y chocan entre sí; sin embargo, ante el surgimiento de nuevos actores políticos, como el terrorismo, la globalización y fenómenos como las crisis económica, petrolera, institucional, entre otras, es necesario responder todos los miembros de la Comunidad Internacional, a fin de reactivar las relaciones internacionales multilaterales eficaces, que tengan como objetivo fundamental promover y resguardar la paz, seguridad, la estabilidad económica internacional, la cooperación económica-monetaria internacional, combatir la pobreza extrema, la contaminación ambiental, entre otros temas relevantes. Aunque se adopten nuevos modelos de sistemas políticos, más liberales o nacionalistas, se considera que el sistema multilateralista ha dado sus frutos y lo seguirá haciendo, porque es imposible creer que el mundo se desarrolle solo a base del bilateralismo, aunque es fundamental el aporte que este brinda.

En general, el Doctor Daisaku Ikeda ha sabido actualizar y desplegar la enseñanza milenaria del budismo, que se ampara en el espíritu de tolerancia, respeto y amor hacia el hombre, dentro del contexto mundial globalizado, efectuando propuestas de solución práctica para hacer frente a los problemas urgentes que aquejan a la humanidad. De hecho, los grandes hombres tienen un lugar asegurado en la historia, aquellos que luchan por la paz mundial, el respeto de la dignidad humana y llevan ello a la reflexión filosófica y política, merecen de la humanidad el reconocimiento que justicieramente se tributa al doctor Ikeda.

Esa conducta  pacifista que lo caracteriza y que no anhela a ausencia de conflicto o guerra, sino muy por el contrario es la convicción, por peregrinar el planeta durante largas décadas, proponiendo la Revolución Humana, esto es, la transformación de nuestros sentimientos de adversos, de odio, rencor, por aquellos que nos dignifiquen, que nos motiven a la tolerancia, la convivencia, la aceptación mutua, entre otros, y que en esencia, tan solo podemos obtener en base a nuestra propia modificación espiritual a través de la solidaridad, el respeto recíproco, la empatía y que esto debe provenir del dominio personal de cada humano. 

Debemos valorar en Ikeda, sus ideas, sus principios, que es la ideología de la sensatez y la confraternidad, proveniente de un ciudadano del mundo que sabe de los estragos de la violencia que destruyó a su sociedad y que empeñosamente, místicamente,  predica para que no se produzcan nuevos holocaustos en nuestro planeta, y con la visión de que nuestros designios comunes son la educación, la paz, la armonía, el equilibrio ecológico, para bien de nuestra humanidad y las generaciones venideras.

Finalmente, evoco la oportunidad en que por primera vez escuché al doctor Ikeda, a inicios de los 70s, en la Bodleian Library de Oxford, en su Diálogo con Arnold J. Toynbee (Surgimiento de Oriente y Decadencia de Occidente) y luego la oportunidad en que él fue invitado a almorzar por el Presidente Fernando Belaunde Terry, el demócrata  y más honrado Jefe de Estado del Perú y que fue ocasión propicia para que lo condecorara con la máxima orden y en el más alto grado: La Orden del Sol del Perú en grado de Gran Cruz. Asimismo, recuerdo nuestros encuentros en la década de los 80s y sus enseñanzas y reflexiones, así como su apoyo para que el Perú ingresara al APEC. En reconocimiento a su capacidad intelectual, moral y personal, y su contribución al mundo entero, el doctor Daisaku Ikeda fue incorporado en el 2018 como Miembro Correspondiente de la centenaria Sociedad Peruana de Derecho Internacional, institución que me honro en presidir. Dicha categoría constituye la máxima distinción reservada para un internacionalista extranjero.

Con este breve artículo, intento dejar reconocimiento expreso de mi gratitud al doctor Daisaku Ikeda, por todos sus iluminados consejos y generoso y fructífero apoyo a lo largo de mi carrera como jurista, diplomático y Ministro de Estado, pues siempre él ha sido una fuente inspiradora de valores y de servicio a la humanidad.

* Jurista y diplomático