Caballo negro: la doble K, el fuego versus el hielo

“Una vez más, sentados uno frente a otro, al inicio de un silente diálogo de ideas, luminosos e instantáneos rayos de luces caían sobre sus rostros. Serenos e indiferentes, cruzaban enigmáticas miradas enviándose mensajes telepáticos que sólo el poder de sus mentes podían concebir. En la lucha por un reino de un mundo encantado, donde treinta y dos trebejos alternan infinitas posiciones en un endiablado enlosado blanco y negro de sesenta y cuatro escaques, dos hombres, dos estilos, dos ideales, el fuego versus el hielo, reiniciaban una cruenta guerra que se había iniciado hace cien batallas, y que, quién sabe, cuántas más se realizarán”.

Este fragmento data del 1 987, durante el durísimo campeonato mundial de ajedrez en Sevilla, España; entre los que, a mi modesto entender, han sido los dos más grandes ajedrecistas de todos los tiempos.

A finales de la guerra fría se produjo uno de los duelos que batió todos los records, no sólo en el ajedrez, sino en todas las competencias deportivas. Durante años, por la corona del campeonato mundial del deporte ciencia, se enfrentaron por un lado el temperamento explosivo y por el otro, el temperamento frío, inmutable; el fuego versus el hielo. Para tener una idea de la rivalidad entre Garry Kapárov y Anatoly Kárpov, solamente en los enfrentamientos por la corona mundial, disputaron 144 partidas, Kaspárov ganó 21 de ellas y Kárpov 19, 104 fueron partidas tablas (debo añadir que R. Fisher, hizo un comentario desfasado respecto a que los integrantes de la temible escuela soviética arreglaban las partidas entre ellos y que por eso dominaron desde el 1927, con Alekhine como campeón hasta el final del siglo XX con Kaspárov – el bache que hubo en el 1 972 y la huida despavorida del señor Robert James Fisher del enfrentamiento en 1 975 contra A. Kárpov, negándose a enfrentar a este último, tras lo cual fue proclamado el ruso como nuevo campeón – bueno, de ser un egocéntrico terminó teniendo ideas delirantes el otrora excelente estadounidense), es decir, la diferencia de 21 a 19, es casi nada.

No sólo era el enfrentamiento de un hombre contra otro, era el choque de dos generaciones.

Se odiaban tanto como se necesitaban, 500 horas sentados frente a frente y miles de horas más, pensando el uno en el otro, cada uno con su equipo de asesores, sobre el análisis de las partidas del contrario. La supremacía por el juego de los juegos, ese que los ordenadores más potentes no saben desentrañar como lo hace el intelecto humano.

En el 1 976, durante una exhibición de simultáneas, Kárpov, siendo ya campeón del mundo, se enfrentó a un chiquillo de 12 años (Garry Kaspárov), entre los muchos que habían, en una partida que casi gana el pequeño; sin sospechar el monarca de los escaques que años más tarde protagonizaría el duelo más grande de la historia del deporte y que un muy joven Kaspárov de 22 años, le quitaría la corona en el 1 986.

“El ajedrez es como el teatro: puede haber tragedia, drama, comedia” “El ajedrez es capaz de proporcionar la misma alegría que un buen libro o la música – decía Tigrán Petrosián -. Si aprenden a jugar bien, no sólo ustedes mismos experimentarán verdadera alegría, sino que la compartirán con otros”.

El espacio es muy corto aquí, para poder hacer un análisis más profundo de este evento. Sólo puedo agregar que he tenido la suerte de haber seguido (cuando había tiempo) este enfrentamiento a través de los diarios de la época. Hoy, con la Internet, se puede volver a recrear no sólo los análisis de las múltiples partidas entre estos dos genios, sino también poder observar vídeos y documentales en YouTube, la gigantesca plataforma en red.