Enemistad entre democracia y comunismo

La ilegal e ilegítima asunción, al gobierno del Estado peruano, de los activistas del ala más radical del comunismo criollo, nos hace plantear si son compatibles la forma de gobierno democrático o republicano, y la concepción del Estado que transpiran los agentes de la Revolución comunista.

Una primera dificultad, aparente, es que durante algo más de cuatro décadas, muchas naciones de Europa sufrieron bajo el perverso yugo opresor marxista-leninista o comunismo, tras la Segunda Guerra Mundial, y en general adoptaron la denominación de “democracias populares”, lo que además de ser gramaticalmente tautológico, una repetición innecesaria; era una frase de un cinismo intrínseco, farsante y sin sustento. Porque el comunismo es la negación contradictoria de la forma legítima de democracia. Así es que esta dificultad se supera fácilmente, pues, aunque durante más de 40 años hayan existido estados comunistas que se denominaron “repúblicas populares” o “democracias populares”, no eran ni por asomo asimilables al régimen de libertades que por antonomasia la forma de gobierno democracia promueve.

Una segunda dificultad se presenta cuando consideramos que hay corrientes socialistas no marxistas que se han adecuado a la participación política que inspira la democracia. Aquí vale distinguir si esos partidos denominados socialistas democráticos o social-democracia, han abandonado algunas de sus connotaciones socialistas y armonizan sinceramente con la democracia republicana, que exige alternancia en el gobierno sin perennizar a un dictador ni al partido.

Los socialismos (no hay un solo socialismo), tienen tres características comunes: (i) Una concepción materialista de ser humano, y por tanto (ii) Una concepción materialista del fin de la sociedad política, y (iii) Una particular concepción del rol del Estado. Este último elemento, el estatismo socialista, no concuerda con la idea del Estado en la democracia legítima. Pues, el “demos”, los ciudadanos, edifican mediante los diversos grados del principio de participación política, al estado republicano, caracterizado por los cambios periódicos de los gobernantes considerados representantes de las decisiones ciudadanas, por un lapso de tiempo predeterminado, esto es, previamente fijado. En la democracia como forma de gobierno, no puede haber ni dictadura indefinida, ni corruptelas como el nepotismo tan usualmente practicado en los regímenes comunistas actuales en Hispanoamérica.

Por lo tanto, superamos también esta dificultad, diciendo que un partido pudiéndose llamar socialista, al participar en la forma de gobierno democracia, se mimetiza con principios como el rol supletorio del Estado en beneficio de la persona humana, la alternancia de los partidos en la administración del Estado, la estabilidad de los principios y nociones fundamentales sobre persona, sociedad, economía, estado y cultura. Tal partido socialista dejaría de serlo ideológicamente, al participar sincera y lealmente en un régimen republicano o democrático.

El comunismo es una variante de los socialismos, que agrega sus propias características, que se suman a esas tres que todo socialismo no democrático tiene. El comunismo es sirviente ideológico del materialismo dialéctico y del materialismo histórico; además concibe que el hombre padece de cinco enajenaciones, una de ellas es la alienación política, cuya causa es la existencia del Estado. Por tanto, el comunismo tiene un planteamiento anárquico por aspirar –en la última etapa del sueño de pesadilla del comunismo–, a la desaparición del Estado, pero antes deberá pasar la humanidad por un fortalecimiento del Estado, hasta los límites de la estatolatría, para luego entrar en la etapa anárquica, y desaparecer.

Con la reciente elección del partido Perú Libre (es un decir, debido al gran fraude), se plantea la reflexión de si su talla es la que mínimamente se exige para participar en un sistema de gobierno democrático. Lo que se resuelve afirmando que no, pues Perú Libre, debido a sus contenidos ideológicos marxistas-leninistas, tiene una concepción ideológica que desfigura la concepción de la persona, altera nociones políticas como la del Estado y la sociedad política, así como subvierte la doctrina del orden natural sobre la economía. El choque del Partido Perú Libre con el sistema de gobierno democrático es por lo tanto ineludible.