Manual para destruir un país en diez días

Perú ha tenido muchos momentos críticos y algunos catastróficos. La guerra con Chile, por ejemplo, fue catastrófica, y sus efectos perduraron medio siglo. La década de los ochenta, con el cóctel de hiperinflación y terrorismo, también fue catastrófica. La reciente pandemia fue una catástrofe sin par, aunque no nos pudo derribar del todo porque, a pesar de haber visto más muertos por millón que ningún país, alguna reserva económica y moral teníamos como nación. Resiliencia le dicen las voces expertas.

Pero ninguna de esas catástrofes se asemeja en velocidad de acción, poder destructivo, amplitud de alcance y potencial de llevarnos a la destrucción irreparable a la que ha estrenado hace apenas diez días el gobierno de Pedro Castillo.

¿Exageramos? Solo un ejemplo: al dólar le tomó diez años subir de 0,8 soles en 1991 a 3,5 soles en 2001. Vivió momentos de gloria entre 2008 y 2014, fluctuando entre 2,7 y 2,8 soles, para volver a un promedio de 3,2 hasta 2018, y en lo peor de la pandemia, llegar a 3,5. ¿Saben cuánto le tomó pasar esa barrera a Pedro Castillo? Dos meses desde que se supo que pasó a segunda vuelta, para llegar a 3,95 cuando la ganó y traspasar los 4 soles, incluso casi 4,5 en el cambio bancario, ni bien lanzó su gabinete filosenderista.

¿Y quiénes son los principales afectados de esta alza? ¿Las grandes empresas, los grandes “monopolios”, a los que tanto odian Castillo y Cerrón? ¡No! Los grandes afectados han sido los peruanos de a pie, el “pueblo” del que tanto les encanta hablar, con subidas de precios importantes cual no se veían desde los años ochenta. El precio del aceite, por ejemplo, se duplicó. El pollo, por milagro izquierdista, ahora vuela.

Como bien dijo Daniel Urresti en un tuit, Castillo ha obrado un prodigio: a principios de 2021, el sueldo mínimo era 930 soles, que significaban 265 dólares. Sigue siendo 930 soles, pero ahora significan 221 dólares. ¿No más pobres en un país rico?

Pero no solo el ciudadano común ha recibido este castigo económico, como si la pandemia no hubiera sido suficiente, sino que otro importante afectado es la pequeña empresa, los peruanos que se rajan para sacar a flote sus emprendimientos que sufrieron los estragos de la crisis sanitaria y que se han endeudado en dólares para hacerlo. Curiosamente, lo más beneficiados son los exportadores, de cobre, por ejemplo, pues la subida del dólar aumenta sus ingresos. Genios, realmente.

Claro, hasta aquí habrá quienes digan que eso no se le puede endosar al flamante mandatario, que eso es culpa del mercado y el BCR que no ha frenado la subida y la especulación de los agentes del capitalismo. Bla bla bla blá. La retórica de la víctima que ya le conocemos al comunismo internacional, que no quiere hacerse cargo de la inseguridad y la falta de confianza que ellos mismos generan con sus anuncios y políticas irresponsables, como esa anunciada por Bellido de conformar una “comisión para bajar el dólar”.

El controlismo económico, que ha fracasado una y otra vez en cuanto país se ha impuesto, es como el marido abusivo: le da duro a la mujer, la insulta, la humilla, la amenaza con hacerle daño o matarla, y después no entiende por qué ella lo abandona, si él “ya le pidió perdón”.

Así no funcionan las relaciones, la vida y tampoco la economía. Lo más importante para que un país sea viable no es, como cree Cerrón, Castillo o el propio Francke, los fondos que tiene guardados, las riquezas naturales o la fuerza de trabajo. Lo más importante es la confianza. Y no se genera confianza diciéndole a los capitales privados que van a respetarlos, pero siempre y cuando aporten “rentabilidad social” y accedan a reducir sus ganancias y a que les cambien las reglas de juego a medio camino.

Otro ejemplo: las calificaciones crediticias internacionales. A principios de año, la calificación peruana, pese a todo lo que padecimos en la pandemia, se mantenía bastante buena. Pero eso cambió a partir del 11 de abril. Moody’s, por primera vez nos dio una perspectiva negativa. Y después del 28 de julio, el vicepresidente del Grupo Riesgo Soberano de Moody’s, Jaime Reusche, ha dicho que “la presión de calificación crediticia del Perú es a la baja y será difícil atenuarla”. Eso es terrible para los horizontes económicos del Perú. Hace treinta años que esto no nos sucedía.

El viernes mismo en que Pedro Francke juramentaba como ministro de Economía, las acciones de las empresas peruanas en la bolsa de Nueva York cayeron estrepitosamente: Credicorp 16,3 por ciento, Alicorp 14 por ciento, las mineras Volcán, Minsur y Cerro Verde 14, 11 y 9,7 respectivamente, Ferreyros 12,5, Andina de Cementos 10,5, Casagrande 15 por ciento. Un desastre.

Eso no es todo: según Macroconsult, la economía peruana solo rebotará 7,4 por ciento, estimado menor al 11,5 por ciento que se proyectó inicialmente. Y la inversión privada solo crecería el 2,7 por ciento, y ya no el 19,1 por ciento que se estimó para 2021.

Todo lo que el Perú ha labrado en tres décadas, el gobierno filosenderista lo ha derribado en apenas diez días. Claro, ellos no se quieren hacer responsables, y como hemos dicho, culparán hasta al Señor de los Milagros por no haberlos ayudado, pero lo cierto es que todas y cada una de las decisiones que han ido tomando son señales claras de que se trata exactamente de la clase de régimen que habíamos advertido, que están decididos a hacer lo que dijeron y que la izquierda caviar se encargó de edulcorar apostando a convertir a Castillo en otro Ollanta Humala.

¿Cómo destruir un país en diez días? Tal como estamos viendo:

1) Anuncia en tu campaña que no vas a respetar la estabilidad jurídica de los contratos, que vas a “nacionalizar” las actividades económicas y vas a proponer a las empresas transnacionales que los dejaras operar solo si renuncian al 70 por ciento de sus ganancias.

2) Elige a un gabinete compuesto por un premier y un canciller filosenderistas, junto con ministros comprometidos en toda clase de escándalos y denuncias, varios de ellos también condescendientes o simpatizantes de Sendero y el MRTA.

3) Activa un estilo gobierno opaco y semiclandestino, eligiendo como funcionarios en áreas claves a amigos incondicionales, sin preparación ni credenciales para esos puestos.

4) Desata una ola de denuncias contra tus adversarios políticos, en la prensa o en la función pública. Canales de televisión y periodistas como Willax y Beto Ortiz; funcionarios como Julio Velarde, del BRC. Así darás una lección a los demás, para que se desanimen de oponerse.

5) Prepara una ofensiva en varios frentes para empujar el cambio del marco constitucional, que te permitirá seguir con tu plan destructivo.

Y ni siquiera hablando de todo el daño moral e institucional que esto significa.

Por supuesto, los inteligentes, los del “voto vigilante”, los mismos que decían y dicen que con Keiko todo sería peor porque a Castillo sí se le puede controlar, dirán a estas alturas que habría que ser verdaderamente siniestros para que todas estas torpezas obedezcan a un plan, a un manual destructivo exprofeso, adrede. No les hagan caso, ya sabemos que de guachimanes se morirían de hambre. De tanto justificar lo injustificable, ya han perdido su capacidad de análisis y juicio.

Porque hay algo que necesitamos entender, si de veras queremos salvar lo que queda de esta democracia, de las libertades, de nuestro país: sí pueden ser así de siniestros porque, en el fondo, aunque ya no usen la violencia como método, el Pensamiento Cerrón-Castillo es muy parecido al Pensamiento Gonzalo, sino son lo mismo.

“Ay, cómo terruquean”, nos decían. “La culpa fue de ustedes porque terruqueaban a todo el mundo”, lloran ahora estos indignados. No terruqueábamos: lo que hacíamos era poner al desnudo la verdadera cara de estos extremistas; pero ustedes no nos dejaron, caviarones llorones. Ustedes tienen una enorme responsabilidad en haber dorado la píldora y haberse rasgado las vestiduras cuando señalábamos los vínculos innegables entre Castillo y Cerrón y el Movadef y el antaurismo y los terroristas del VRAEM. Ustedes se hicieron los cojudos y dejaron que el Profe cojudee a los electores. Ustedes son corresponsables de lo que está sucediendo.

Y es que querían cochebombas y atentados para reconocer a los neosenderistas. Ingenuos. Ese ya no es su método, ellos entendieron, tras su derrota militar en 1992, que no podían derrotar al Estado peruano, a su Ejército, a su Marina, a su Aviación, a su Policía, por la fuerza. Por eso urdieron ese plan, solo era como dijo Abimael “un recodo en el camino”. Y otra vez ustedes fueron sus tontos útiles, como en los años ochenta cuando se encadenaban en el Congreso y hacían huelgas de hambre por los “presos políticos”.

Los métodos cambiaron, los objetivos no. Y el objetivo del extremismo que en aquella década se llamó Sendero Luminoso, pero que hoy se ha refinado y aprendido de las experiencias propias y ajenas en el escenario bolivariano, fue uno solo: destruir para construir. Destruir el Estado burgués, criollo, para construir la “nueva sociedad” socialista. Discrepo aquí de algunos analistas que piensan que el objetivo detrás de estas aparentes torpezas es nada más la Asamblea Constituyente. No, ese también es solo un medio para alcanzar lo que quieren: destruir la República Peruana para fundar su Estado socialista.

Con esta clase de proyecto, no caben las contemplaciones. Ellos no están jugando a la política. Su plan es destruir, repito, destruir, y están siguiendo su manual al pie de la letra. Todo peruano y demócrata bien nacido debe saberlo, rechazarlo y prepararse para enfrentarlo y derrotarlo.

(*) Emma Cadenas Mujica (Lima, 1966) es una periodista, escritora, docente, teóloga y cantautora peruana transgénero. Se declara anarcolibertaria. Ha publicado novelas, poemarios, libros de gastronomía y teología. Ha sido directora y editora general de distintos diarios, revistas y periódicos digitales los últimos treinta años y enseña Periodismo hace veinte años. También ha sido productora y conductora en distintas televisoras. Hoy es guionista de Contracorriente (Willax TV), conduce el espacio digital Sin Maquillaje y dirige el portal La Yema del Gusto. Como experta pisquera, es creadora y directora de la Semana del Chilcano. Alista dos publicaciones en 2021: Emma frente al espejo (crónica autobiográfica) y Jesús LGTBIQ+ (ensayo de divulgación teológica), y una producción discográfica: Grito de Valk