El Ministerio de la Incultura

El Ministerio de la Cultura fue creado el 21 de julio del año 2010 durante el segundo gobierno de Alan García. Su primer ministro fue el señor Juan Ossio Acuña. El actual ministro es el pintoresco y eterno candidato, el notario Ciro Gálvez Herrera, del partido Runa. Según la página web del Ministerio de Cultura, sus principales funciones son: “Formular, ejecutar y establecer estrategias de promoción cultural de manera inclusiva y accesible, realizar acciones de conservación y protección del patrimonio cultural, fomentar toda forma de expresiones artísticas, convocar y reconocer el mérito de quienes aporten al desarrollo…”

Este ministerio tan inclusivo tiene entre sus principales méritos el haber contratado al señor Richard Cisneros para brindar una serie de asesorías y capacitaciones por las que cobró la nada despreciable suma de 175,000 soles, incluidos una orden de servicios por 30,000 soles en plena pandemia.

Otro de los méritos del ministerio, fue el haber escogido a la película “Hugo Blanco, Río Profundo”, como ganadora de un concurso otorgándole la suma de 120,000 soles para financiar su distribución por todo el país, sin importar que Hugo Blanco sea considerado como un terrorista sentenciado a 25 años de prisión por el asesinato de un policía.

Una de las últimas acciones para “fomentar todas las formas de expresiones” ha sido el otorgar la suma de 75,000 soles a la actriz Mayra Couto para grabar el primer capítulo de su serie “Mi cuerpa, mis reglas”, que estoy seguro será todo un éxito en Netflix.

Lo cierto, es que el Ministerio de Cultura, con un presupuesto de 623 millones de soles en 2021, es desde su creación, la caja chica de los caviares, quienes a través de asesorías, consultorías, etc; viven del Estado, cual parásitos.

En lugar de destinar estos recursos de manera eficiente para preservar nuestro patrimonio nacional, el actual Ministro de Cultura, ha propuesto la genial idea de reflotar el navío chileno, La Covadonga, hundido en el mar de Chancay durante la guerra con Chile en 1880 sin considerar los informes de la Marina de Guerra del Perú que indican claramente que a estas alturas de la historia, “técnicamente no hay nada que reflotar”. Mientras el ministro pierde el tiempo en propuestas absurdas, cuántos restos de nuestro patrimonio cultural son invadidos y destruidos por invasores y traficantes de terreno por ejemplo, sin que se haga nada al respecto.

Pero otra de las funciones del Ministerio de Cultura que debería ser vital para nuestro país y que brilla por su ausencia es la promoción de la “cultura” en la población peruana. ¿A qué cultura me estoy refiriendo? A esa que tanta falta nos hace y por la cual nuestro país es parte del Tercer Mundo, no solo económico sino cultural.

El término “tercer mundo” fue creado en 1952 por el economista francés Alfred Sauvy para designar a los países que no pertenecían a ninguno de los dos bloques que estaban enfrentados en la Guerra Fría: el bloque occidental y el bloque comunista. 

En nuestros tiempos “tercer mundo” es utilizado para hacer referencia a las naciones con menores niveles de ingresos. A su vez, estas naciones cuentan con mayores tasas de desempleo y bajos resultados en los indicadores de desarrollo económico.

En otras palabras, las economías tercermundistas son aquellas en donde el producto bruto interno es más bajo. Pero además, se registra alto desempleo, infraestructura de mala calidad, alta desnutrición, bajo nivel educativo, salud pública deficiente, entre muchas otras variables relacionadas al desarrollo.

Yo sostengo en este artículo que la falta de cultura de nuestro pueblo, nada tiene que ver con el desarrollo económico sino con la falta de educación, falta de valores y falta de principios cívicos. Voy a darles unos ejemplos de la falta de “cultura” de nuestra sociedad.

Cuando queremos usar el cruce peatonal en las esquinas y los vehículos no se detienen para que lo hagamos sin peligro, eso es falta de cultura.

Cuando al estar manejando nuestros vehículos y obstaculizamos las intersecciones por más que sabemos que no vamos a avanzar cuando la luz se ponga en rojo, eso es falta de cultura. Cuando nos estacionamos en un sitio designado para minusválidos con la excusa que era el único que quedaba, eso es falta de cultura.

Cuando arrojamos basura en la vía pública eso es falta de cultura. Cuando no respetamos la autoridad, eso es falta de cultura. Cuando no cedemos el asiento a un adulto mayor, eso es falta de cultura.

Podría seguir dando ejemplos del comportamiento de nuestra sociedad peruana que nada tienen que ver con el PBI, la inflación, el nivel del dólar o tantas otras variables económicas que nos afectan como país, pero que nos ubican claramente como un país tercermundista culturalmente.

Por supuesto que contar con los recursos necesarios para satisfacer nuestras necesidades como personas, como familias y país, son indispensables, pero no es lo único.

En el Perú se gastan miles de millones de soles al año en obras de infraestructura mediocre o simplemente deficiente por la corrupción, sin que ésta sea realmente castigada. Mientras en países como Estados Unidos uno puede manejar cientos de kilómetros sin encontrar un hueco en las calles o autopistas, los reto a que manejen más de un kilometro en Lima sin caerse en un cráter.

Mientras en países del primer mundo se piensa en el desarrollo de nuevas tecnologías y en llegar a Marte, en nuestro país seguimos perdiendo el tiempo en discusiones prehistóricas como una nueva Constitución. Mientras en países avanzados se flexibilizan las modalidades de trabajo y se implementa el uso de robots, en nuestro país congresistas de izquierda como Sigrid Bazán, hacen de nuestra legislación laboral la más rígida e ineficiente del mundo.

Creo que puedo utilizar la frase de JFK cuando dijo “No preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. A lo que yo agregaría: ¿Qué vas a hacer tú para que nuestro país sea del primer mundo?

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