¿Qué futuro tiene la socialdemocracia europea?

Tras el triunfo del SPD en Alemania, el centroizquierda gobierna en ocho países de la UE, pero mientras no cambien la OTAN y el BCE, toda reforma será sólo cosmética.

Cuando el pasado 26 de septiembre el Partido Socialdemócrata (SPD, por su nombre en alemán) salió primero en la elección para el Bundestag, muchos en Europa y en otras regiones del globo descorcharon las botellas de champán, para celebrar el retorno del progresismo al poder en la principal potencia europea y tercera economía mundial. Se sumó a los recientes triunfos de esa corriente en Escandinavia y a su consolidación en la península ibérica. Parece que, invocando el espíritu de la reforma, Europa se sanará de sus males. Sin embargo, para saber si las reformas tendrán continuidad y modificarán realmente las reglas de juego, habrá que ver qué sucede con la alianza atlántica y la política financiera, fiscal y monetaria común.

Después de que el fin de semana pasado el SPD, los Verdes y el Partido Demócrata Liberal (FDP, por su nombre en alemán) acordaron el marco general, este jueves comienzan las negociaciones formales para formar una coalición de gobierno. La reforma ecológica de la economía, el relanzamiento del crecimiento económico y la corrección de la creciente desigualdad social y regional constituyen los puntos centrales sobre los cuales deberán alcanzar acuerdos en lo interno. Hacia afuera tendrán que definir cuánto pretenden flexibilizar el Pacto Europeo de Estabilidad y Crecimiento, cómo pretenden reformular la caótica política europea de migración y refugio, qué posición adoptarán sobre la alianza con EE.UU. y, especialmente, como quieren ordenar la economía mundial.

La familia socialista europea ha salido enseguida a festejar la victoria en Alemania. Hasta ahora los socialdemócratas lideran en la UE nueve gobiernos y en cuatro más participan. El triunfo del SPD le da un impulso cuántico a esa familia política.

Se espera que el próximo gobierno alemán apoye la flexibilización del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que ahoga al continente, pero chocará con sus compañeros nórdicos. Tras las elecciones de Noruega a principios de septiembre, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia tienen todos gobiernos de centro-izquierda por primera vez en más de 60 años. No obstante, implementan políticas financieras y monetarias ortodoxas. Por ejemplo, durante la crisis del coronavirus Dinamarca ha relanzado con Austria, Países Bajos y Suecia (junto con Finlandia, en cierta medida) el grupo conocido como los “cuatro frugales”, para impedir que la Unión Europea emita deuda conjunta para apoyar su fondo de recuperación de 750.000 millones de euros. El grupo acabó cediendo, pero sólo después de que Francia y Alemania hicieron importantes concesiones.

Los países nórdicos tampoco apoyan la creación de un ejército europeo. Dinamarca seguirá absteniéndose de participar en cualquier iniciativa de defensa de la UE. Suecia, a su vez, defiende su proclamada neutralidad, en tanto Noruega es firmemente atlantista. Mientras que los principales partidos alemanes coinciden con la propuesta de la Comisión Europea, para reubicar a cuotas de refugiados dentro de la UE, otros gobiernos socialdemócratas insisten en devolverlos al primer país de ingreso en el bloque europeo.

Ante este panorama continental, se prevé una tensa negociación sobre la gobernanza europea. Para el futuro de la UE (y de la socialdemocracia) será determinante la capacidad que Berlín tenga para  liderar el bloque y cómo se mueva en el mundo. Si bien en el continente crece la tendencia a independizarse un tanto de EE.UU., como la hegemonía de éstos aumenta la competencia entre los países, el atlantismo se sigue justificando.

La multiplicación de los triunfos socialdemócratas en Europa expresa el cansancio social por la pandemia y la crisis económica, así como un reclamo por reformas a nivel nacional y continental. Sin embargo, las rivalidades entre los miembros de la UE, sus diferencias sobre el trato con Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia y la relación específica que en su interior exista entre la economía financiera y la productiva dificultan sus acuerdos, aun entre los gobiernos progresistas. Por otra parte, -y esto es determinante- mientras la OTAN sea un instrumento de la hegemonía anglosajona, es imposible que Europa mejore sus vínculos con Rusia, Irán y China. Sin reformas de fondo, la ola socialdemócrata no se consolidará.

*Eduardo J. Vior, Dr. en Ciencias Sociales y analista internacional

(Tomado de Télam)