La silla turca: tantas veces Melissa

¿Qué empresario no desea un panorama estable para invertir? ¿Qué emprendedor no desea un escenario donde no tenga “otras dificultades más que enfrentar al mercado” y ocuparse de su emprendimiento? ¿Qué padre de familia no desea tener la certeza de que el sueldo le va alcanzar para por lo menos para lo mismo que compró el mes pasado? ¿Quién no desea que el reto que representa ganarse la vida dignamente, no tenga mayores dificultades que ese mismo acto?

Lo que hemos podido observar en los últimos días, a través de los medios, sobre una joven pareja pública (ella Melissa y él Rodrigo, ó él Rodrigo y ella Melissa) es el rompimiento de una relación y de un matrimonio. Es el signo visible de que el compromiso del matrimonio no se cumplió y de que las partes acordaron o por lo menos el desenlace de esa relación va camino a su término. El detalle de cómo será ese final, solo le debería interesar a las partes y procurar por sobre todo el bienestar de la hija de ambos.

El objetivo de esta pequeña columna no es juzgar a alguna de las partes, sino meditar sobre el rompimiento de la relación en sí. El rompimiento de una relación es un proceso duro y de mucho aprendizaje para las partes y aunque siempre queda la esperanza de que “las cosas pasan por algo”, no debería ser ese trance más difícil o por lo menos se debería procurar ello.

En los casi 100 días que ya tiene el Gobierno, no se han podido plantear los temas importantes de una peor forma. Al momento de escribir esta columna ya se había anunciado el despido (o renuncia si se quiere) de un tristemente célebre Ministro del Interior. No solo fue discutido su nombramiento por la larga lista de sanciones que ya traía, sino por el hecho de haber sido el abogado defensor de Vladimir Cerrón poniéndose en duda su imparcialidad (lo de su fiesta covid, fue simplemente alineado a su forma de vida, era cuestión de esperar).

El Gobierno está dando señales de que quiere romper la gobernabilidad del país. Se dice que no, pero las señas visibles lo único que hacen es atentar contra el emprendimiento, la estabilidad, la armonía, la paz social y por el contrario está provocando la polarización en la población, el retraso de las inversiones, la suspensión de operaciones empresariales, la reducción de la calificación del Riesgo País y el hecho de comenzar a cuestionarnos a jóvenes, maduros y mayores si el futuro nuestro, sigue siendo el Perú o en el Perú.

¡Cómo dueles Perú, tantas veces Melissa (o Javier, o Marta, o Juan, etc.), tantas veces política!