En un bazar de porcelanas no hay lugar para elefantes

El vertiginoso deterioro y la  pérdida de apoyo del gobierno de Joe Biden ya preocupa a los analistas, por sus efectos desestabilizadores sobre la política mundial.

Tras nueve meses de ejercicio del mando, sin ningún resultado positivo ni perspectivas claras, el equipo que ocupa la Casa Blanca pierde aceleradamente la simpatía de sus votantes, no recupera la sintonía con los gobernantes aliados, provoca peligrosamente a sus oponentes en todos los frentes al mismo tiempo y revive ante el continente los peores usos de hace un siglo. Su falta de realismo y de visiones está creando graves riesgos para el orden interno e internacional.

En la semana que pasó se produjeron simultáneamente tres hechos, aparentemente desconexos entre sí, pero que ilustran la falta de ubicación y pérdida del sentido de realidad que está invadiendo a las máximas autoridades de Washington:
El martes 2 hubo elecciones a gobernador en Virginia y Nueva Jersey con resultados francamente malos para los demócratas, ya que un republicano ganó en el primer Estado y otro dificultó mucho el triunfo del gobernador en funciones de Nueva Jersey.

En segundo lugar, en los últimos días se ha celebrado la cumbre mundial sobre el cambio climático que la ONU organizó en Glasgow, Escocia. Aprovechando la ausencia de los líderes ruso y chino, Vladimir Putin y Xi Jinping, el presidente estadounidense Biden se propuso liderarla. El martes pasado lanzó entonces un mordaz ataque contra China por la no comparecencia de Xi y –dijo- por no mostrar liderazgo en la crisis climática. “Nosotros nos presentamos”, añadió y “ellos no”, comentó en referencia a los presidentes de China y Rusia.

Tras esta proclama ecologista, Biden pasó en la misma conferencia de prensa a atacar a la OPEP+ (la Organización de Países Exportadores de Petróleo más otros –como Rusia- que también lo exportan, pero no pertenecen al gremio), a la que culpó por la inflación en su país, justo dos días antes de la reunión del cártel para discutir la política petrolera.

“Si se echa un vistazo a los precios de la gasolina y a los precios del petróleo, declaró el presidente, se ve que aumentan por la negativa de Rusia o de las naciones de la OPEP a bombear más petróleo”. Exigir un mayor bombeo de petróleo en una cumbre mundial sobre el clima es bastante contradictorio con la proclamación de un “liderazgo” en la lucha contra el cambio climático.

Apenas un día después, la Guardia Revolucionaria Iraní (GRI) difundió en las redes una historia propia de John Le Carré:
Hace algún tiempo el capitán y la tripulación iraníes de un petrolero cargado con combustible para Venezuela desviaron la nave con apoyo norteamericano hacia un puerto de los Emiratos. El gobierno estadounidense confiscó entonces el petróleo y lo trasbordó a otro buque con la misma tripulación y comando. 

En esta imagen se pueden ver 1 el buque de guerra norteamericano 68 2 el petrolero ocupado por la GRI 3 El catamarn Shaheed Nazeri donde estaba el puesto de mando iran 4 Las lanchas rpidas de la Guardia Revolucionaria apuntando a los navos
 
En esta imagen se pueden ver: 1) el buque de guerra norteamericano “68”; 2) el petrolero ocupado por la GRI; 3) El catamarán “Shaheed Nazeri” donde estaba el puesto de mando iraní; 4) Las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria apuntando a los navíos



Sin embargo, la inteligencia de la GRI descubrió que esta semana el mismo capitán y su tripulación transportarían el petróleo robado a través del Mar de Omán. Entonces lo abordaron con un helicóptero que descendió en su cubierta y lanchas de ataque que se aparearon al navío. Acto seguido los comandos iraníes tomaron el control de la cabina de mando. Mientras tanto, varias lanchas de la GRI se interpusieron entre los destructores de la Va Flota norteamericana y el petrolero, los apuntaron con sus ametralladoras y cohetes y les ordenaron retirarse. Una vez acatada la consigna por los buques de EE.UU., la marina persa llevó el petrolero al puerto de Bandar Abbas, donde se encuentra actualmente.

Los tres hechos encuentran una explicación común en el discurso, del pasado viernes 29, del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, general Mark Milley, durante el acto de asunción del Comando Sur por la generala Laura Richardson: “Acá estamos en un vecindario. Trabajamos codo a codo para asegurar este hemisferio. Quien se oponga a nuestra seguridad, a nuestra prosperidad o la de nuestros aliados, tiene que enfrentarse al Comando Sur.”

Esta retórica, propia de la política del “Gran Garrote” entre 1898 y 1933, muestra que nada ha cambiado en la actitud de la dirigencia norteamericana hacia su país y el mundo: no registran el desencanto de sus propios votantes ante las promesas incumplidas por el gobierno, no se dan cuenta de las flagrantes contradicciones en las que incurren en su propia retórica, desconocen los cambios producidos en su inmediata cercanía y se asombran ante las nuevas relaciones de fuerza que imperan en los distintos escenarios del mundo. El presidente Joe Biden y los miembros de su gobierno están perdiendo aceleradamente la percepción de la realidad. Tratándose de la mayor superpotencia, esta constatación es grave y preocupante. Los próximos meses van a requerir mucha contención de todos los actores políticos. El mundo está en una situación tan delicada como un bazar de porcelanas y no admite elefantes.

* Tomado de Télam