La informalidad: problema y posibilidad

En el año 2021, el empleo informal en el país ha crecido en forma importante, en dicho año el 76,8% del total de trabajadores del país[1], es decir 13,5 millones de peruanos trabajaban en la informalidad, en empleos sin beneficios sociales, sin seguro de salud pagada por el empleador, sin vacaciones, sin cobertura previsional, es decir en empleos precarios y sin seguridad de ninguna naturaleza, esto es señal que tras la pandemia el empleo en el país se ha precarizado, lo cual de por si es un problema para la economía, sin embargo, en la otra cara, la informalidad constituye a la vez una enorme posibilidad para miles de peruanos que buscan, a partir de un empleo, llevar el sustento a sus familias.

El porcentaje de empleo informal es la cifra más alta de los últimos diez años, esta ha sido creciente en los periodos de crisis de la economía peruana, y se constituyó en una importante alternativa para sostener el empleo. La informalidad laboral creció en 1,5 puntos porcentuales respecto al año 2020, año de crisis, por la dura pandemia que provocó una fuerte caída del empleo. En el año 2021 el empleo se recuperó, y una especial alternativa fue el sector informal que se dinamizó más rápidamente y miles de peruanos, encontraron una salida en la informalidad, lo cual ha coadyuvado a disminuir la crisis de empleo. Incluso muchos trabajadores formales del periodo pre pandemia, han pasado a engrosar el universo del empleo informal, que ahora representa 4,1 puntos porcentuales más respecto al año 2019.     

Por estas razones, he tomado prestado del insigne historiador peruano Jorge Basadre, dos palabras reveladoras, que nos legó en sus escritos, que encarnan al Perú de hoy: “problema” y “posibilidad”, porque en su contenido, dichas palabras, nos ayudan a entender, a dimensionar, lo que significa la informalidad en nuestro país. Basadre reiteraba, en sus escritos, que el Perú es un problema, pero también una posibilidad, en el entendido a la capacidad de nuestro país para sobreponerse de los distintos problemas que lo han agobiado, ahora entendido en la capacidad de resiliencia.  

De igual manera la informalidad, es a la vez un problema y una posibilidad, es un problema porque el esfuerzo económico de miles de unidades productivas informales, exhibe un desarrollo limitado, en muchos casos precario, pero a la vez es una posibilidad porque representa una luz al final del túnel, para miles de pobladores que se insertan en el mercado, generan bienes y servicios, posibilitan empleo e ingresos, superando, su auto obligada exclusión de la formalidad, por diversidad de factores, muchas veces expresada en las rigideces del mercado de oferta y demanda de empleo.

La informalidad en su concepción económica tiene dos dimensiones importantes para su análisis: el sector informal, y, el empleo informal. El sector informal, hace referencia al conjunto de unidades productivas que no se encuentran registradas en la administración tributaria. Y, en segundo lugar, el empleo informal, que identifica el total de trabajadores que laboran en unidades productivas informales, e incluso formales, pero que no tienen acceso a beneficios sociales que ofrece un empleo de calidad.

La informalidad está ampliamente extendida en la realidad peruana, se la observa en los pequeños negocios en la esquina del barrio ligada al comercio de algún bien que se oferta a los pobladores, negocio forjado por el esfuerzo familiar por generar ingresos. Se extiende más allá en el comercio ambulatorio que ofrece a miles de personas, algún bien que consumen, a precios lejos de las listas oficiales. O en la producción de bienes y servicios que demanda la población y que posibilitan la permanencia del negocio, y del trabajo ligado a ella. Se manifiesta en la mayoría de actividades económicas, en la agricultura, comercio, en el transporte, o los servicios.

El sector informal, aporta al crecimiento económico[2], se dimensiona en su contribución cercana a una quinta parte del PBI peruano. Por otra parte, el empleo informal, que absorbe a miles de miles de trabajadores, representó, en el año 2021, el 76,8% del empleo total en la economía, con 13,5 millones de ocupados, implícitamente nos indica una baja productividad laboral, tres cuartas partes del empleo nacional, apenas generan una quinta parte del PBI. En este tema hay mucho por hacer. El trabajo informal ha sido y es una real posibilidad, una alternativa de sobrevivencia, incuso de progreso, que ayudaría a su formalización.

[1] INEI Informe Técnico Comportamiento de los Indicadores de Mercado Laboral a Nivel Nacional, 2021. Lima, marzo 2022.

[2] INEI Producción y empleo informal en el Perú. Cuenta Satélite de la economía informal 2007-2020.