Yo protesto, todos protestamos

La protesta en las calles tiene voces de distinto tono: desde los menos, que defienden privilegios de los que disfrutan como consecuencia de su cercanía al poder, hasta los más, que se han visto sorprendidos por la falta de rumbo en el gobierno de la nación peruana.

Los tres poderes del Estado han caído en descrédito, son objeto de crítica, y la ciudadanía reclama un relevo acortando el período nefasto del régimen de los Dinámicos del Centro.

La contradicción alimentada como método para retener el poder tiene sus maestros en la Cuba castrista, ahora presente en Perú a través de “el Gallo Zamora”, agente de Inteligencia licenciado como embajador, con la complacencia de Cerrón el corrupto. Quien, a su vez, es el presidente en la sombra, por tener el manejo de los más importantes ministerios, en los que está concentrado el grueso del presupuesto de gasto e inversión de la República.

Esto nos lleva a concluir que el caos por el que atraviesa la economía, así como la ineficiencia de los administradores, son de responsabilidad de Cerrón, que, en contubernio con el inefable fan de Hitler, (¡Heil Aníbal!) llena los coliseos para, so pretexto de “Consejos Descentralizados del Gabinete”, montar comedias a través de las cuales se sigue engañando al pueblo, con el cuento de la asamblea constituyente.

La manipulación en las mesas de sufragio, como medio de torcer la voluntad popular, proclamada por Stalin (“No importa quién vota sino quien cuenta los votos”), no es advertida por los vientres de alquiler, a pesar de los indicios de fraude que fueron denunciados y tajantemente rechazados por la autoridad electoral. En ese sentido, es fácil prever quienes obtendrán la mayoría de votos en las próximas elecciones para Gobernadores y Alcaldes.

Contra la voluntad de la ciudadanía, que clama la renuncia de Castillo, sus representantes en el Congreso prefieren permanecer en sus curules, antes que oír a la calle, lo que les ha hecho merecedores del repudio popular, con el 82 % de rechazo. Respecto de esta cifra de las encuestas, los congresistas podrían obtener la aprobación de los encuestados si obraran en consecuencia con los pedidos de vacancia, que supera el 60 % de la ciudadanía. –

La permanente incapacidad moral del Castillo tiene suficiente fundamento en su cercanía con los actos de corrupción perpetrados por sus sobrinos y su ex secretario general; por los nombramientos recurrentes de personajes con prontuario delictivo que va desde el asesinato, hasta el plagio en las tesis de maestría, pasando por la captura de puestos clave de instituciones como Essalud, Indecopi, y otros, además del tristemente célebre PetroPerú.

Es inmoral la mentira también recurrente en sus manifestaciones públicas, incluido el último disparate de la suspensión de garantías el día 5 de abril, y su salida precipitada del salón donde se reunía con los voceros del Congreso, para ir a firmar el Decreto que deje sin efecto el secuestro perpetrado contra la población económicamente activa de Lima. Decreto que finalmente nunca firmó.

Por último, el pedido del Congreso para que Castillo renuncie es impertinente, en tanto y en cuanto la renuncia es un acto de honor, que se asume al enfrentarse ante hechos que son imposibles de controlar por falta de idoneidad para el más alto cargo de la Nación, lo que solo sería posible admitir cuando exista capacidad para ponderar los hechos desde una perspectiva axiológica. Ergo, solo procede la vacancia al amparo del artículo 113 de la Constitución vigente.