“El eterno retorno”

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Hay un fenómeno de futbolización persistente en la sociedad mundial llegada al siglo XXI, desde donde hoy vemos cómo se maneja emocionalmente a las masas.

El poder supranacional del espectáculo de la pelota pertenece al rubro de la economía del esparcimiento, que ha alcanzado un auge que nunca imaginó, seguramente, Juvenal en el siglo I de nuestra era, pero que es bueno reproducirla para corroborar el dicho de “No hay cosa nueva debajo del sol” (Eclesiastés, 1,1 Nihil novum sub sole):

(1) “[…] desde hace tiempo, exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin, todo; ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y circo.”

En aquellos días, Roma llegó a suministrar, hasta a un tercio de su población, el trigo que demandaba para su alimento en forma gratuita. Y nos recuerda el empeño en el que hoy están abocados tanto el Poder Legislativo como el Ejecutivo de expandir la gratuidad alimentaria con la última ley de las ollas comunes, que se suman a los bonos, programas como qali warma,  y demás subsidios, mediante los que, so pretexto de solucionar la recesión económica, la crisis derivada de la invasión de Rusia sobre Ucrania, y la deficiente administración de los recursos del Estado…somos destinatarios actuales de la sátira de Juvenal.

El asistencialismo al que está llamado el Estado, para los casos extraordinarios de catástrofe, se ha convertido en una práctica ordinaria a través de la que se mantiene el clientelismo político, mediante el que se siguen comprando los votos, de manera más “sofisticada” que la de los primitivos romanos del Siglo I. (No en vano, estamos a pocos meses de las elecciones para autoridades regionales y municipales).

Frente a este panorama de decadencia solo podemos activar las alarmas que conmuevan a la ciudadanía, en tanto y en cuanto estamos ya viviendo en plena anarquía.

No otra cosa son las injerencias practicadas por y entre los tres Poderes del Estado, con las que se pretenden neutralizar los unos contra los otros, invadiéndose sus fueros, sin el menor asomo de legalidad y menos de observancia de los principios de la democracia.

No hay liderazgo, y los mercenarios siguen sucediéndose por turnos oportunistas en los ministerios hasta que, por fin, el Congreso de la República reaccione y decida llamar a nuevas elecciones generales.

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