La silla turca: lo que le gusta a la gente

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“Es lo que le gusta a la gente…”, decía Pocho Rospigliosi (*). Como peruanos, nos gusta que la gente nos cuente lo que queremos escuchar. Es muy nuestro tratar de vivir una realidad que no nos corresponde y parece muchas veces un sueño, pero que nos da la posibilidad de ser felices. Nos da la ilusión de vivir en un mundo paralelo, tal vez ideal. Pero el peligro de vivir en ese sueño, es despertar de pronto a una cruda realidad. Es más desagradable que despertar mojado por el agua fría lanzada desde un balde.

La pena (el duelo) que nos está tocando vivir luego de la eliminación del Mundial de Qatar, simplemente nos despierta y nos trae al mundo real. A ese mundo que no queríamos ver, pero que está y es. El mundo que iba a pasar inadvertido o al que pretendíamos darle la espalda.

Me refiero exactamente a nuestra realidad política y al gobierno de turno. Me refiero a los innumerables desaciertos voluntarios o no. A los incontables errores y a los graves indicios de corrupción e incapacidad. A una realidad que poco a poco va minando la esperanza de la gente y a las expectativas del empresariado.

Cuan pobre está nuestra sociedad, que el fútbol, que viene a ser lo más importante de lo menos importante, puede definir la estabilidad emocional de una gran mayoría de nuestro país. La etapa de ilusión y que ciertamente nos da una sensación de unidad nacional, de autoestima y orgullo, se acabó. Terminó bruscamente.

Tal vez la calificación de la Selección al Mundial era un premio excesivo para este Gobierno, pues ese paréntesis de inmunidad, esa coraza emocional se la iba a llevar gratis, haciéndonos insensibles a las torpezas, errores, múltiples evidencias de corrupción y robo que están ocurriendo frente a nuestras narices.

Nada que reprochar, ni a Advíncula, ni a Valera, ni a Gareca. Todo lo contrario. Agradecerles por tanto. Por estos años de gratas alegrías y de haber hecho tanto con poco. De tener antes jugadores y ahora un equipo. De habernos devuelto la ilusión y de hacer de nuestra hinchada, la mejor hinchada del mundo.

Queda en nosotros darle el sentido a esta nueva realidad y, por qué no, canalizar toda esta energía, de unidad, de entusiasmo, en la búsqueda de ser protagonistas, cada uno, desde nuestra trinchera, para resolver la situación que estamos enfrentando.

Toca demostrar que la unidad mostrada en el apoyo a la selección puede encausarse para lograr que el Gobierno corrija su curso y haga las cosas en beneficio de todos.

(*) Comentarista deportivo, productor televisivo y radial. (Lima, 1930-1988)

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