Caballo negro: cuando la imbecilidad rige como norma

Hay una frase popular: “la ignorancia es insolente”, habría que agregar también generando enmierdados mentales. Leontxo García; conferencista, periodista especializado en ajedrez y de fama internacional está de gira por nuestro continente dando charlas acerca de la enorme importancia del ajedrez deportivo, pedagógico, social y terapéutico. Las líneas anteriores vienen a colación sobre un hecho ocurrido allá, entre los años 2004 y 2005 en una I.E.P., donde se me pidió que reestructurara el programa de ese colegio para ampliar el número de alumnos.

Hubo que hacer lo que se suele llamar reingeniería, que no es otra cosa que eliminar a los que no cumplen con los estándares. La única sobreviviente fue la mujer de uno de los promotores, señora que no se caracterizaba por tener muchas luces. Fue precisamente ella, quien al grito de “¡El ajedrez es una pérdida de tiempo!” (quise implementarlo desde esa época como parte del programa, seguro de los enormes beneficios que trae consigo) se dedicó en cuerpo y alma a sabotear el trabajo.

Creo que la buena señora, en el fondo, tenía una enorme frustración porque no entendía el nuevo método que se basaba en que los alumnos hicieran las tareas en clase y no en casa, que los exámenes fueran con el sistema de pregunta y cinco alternativas, del desarrollo de la inteligencia a través de juegos lógicos, etc. Ella, fiel a su estilo anacrónico y antipedagógico, se empeño en seguir embruteciendo a los niños que tuvieron la desgracia de estar con ella en el aula de tercer grado de primaria; y de tratar de desprestigiar lo que este servidor disponía y las otras profesoras (que fueron seleccionadas después de una fuerte evaluación) ejecutaban; verbigracia: entre sus frases para la historia y la histeria estaban “las madres de mi aula (así de mal expresado) me han dicho que no quieren que sus hijos sean Albert Einstein (“sean como” es lo correcto)”, esto por elevar el nivel del trabajo en Matemática, de lo cual, el resto de niños del colegio estaban contentos por la dinámica de las clases; “para qué van a jugar ajedrez, al colegio se viene a estudiar” (!!), esto por disponer que los niños utilizaran la última hora en la práctica del deporte ciencia para desarrollar atención, concentración, memoria de trabajo, creatividad, etc. Ya imaginarán que a lo largo de dos años, la retahíla de absurdos estaban a la orden del día. He escogido algunos de colección.

Pero creo que lo siguiente es de antología: se me pidió que revisara un examen de Matemática por ella hecho y donde todos menos uno de “sus” niños, habían salido mal. Después de hacerlo, pedí una reunión con los dos promotores y la señora en cuestión. Le pregunté: “¿señora me puede explicar esto de 3.- Hallar TODOS los números primos (!!), si el número de elementos es infinito?” Puso cara de estreñida y dijo no haberse dado cuenta. En la siguiente 5.- Qué es un polinomio, le pregunté el por qué de ese tipo de preguntas, en vista que lo normal era plantear operaciones, respondió que los niños tenían que saber; le dije “bueno, dígame usted entonces, etimológicamente, qué significa MATEMÁTICA”, se ruborizó y balbuceó lo siguiente “este… este… yo no sé nada de Filosofía” (de eso se encarga la Etimología que es una especialidad lingüística). Han transcurrido casi veinte años, y lo mencionado no es un hecho aislado: con la masificación y el mal uso de las computadoras y celulares, el embrutecimiento de los escolares y en especial de los docentes se ha incrementado. Debería existir el infierno.