Breve historia de la pelota

Las películas que la FIFA reconoce como oficiales de los mundiales

Alguna vez alguien lo llamó “su majestad, el Mundial”. Contradictoria, apasionante, irritante, ineludible. La copa mundial de fútbol llega inevitablemente cada cuatro años y toma por asalto un mes de nuestras vidas, incluidos quienes no les interesa el fútbol, y con ella una nueva artillería de imágenes que el tiempo decidirá cuán perdurables serán.

Porque aunque el marketing futbolero nos quiera convencer de lo contrario, no somos protagonistas sino apenas espectadores de algo que sucede a una enorme distancia física y monetaria. Por eso cuando hablamos de mundiales de fútbol estamos hablando también de una experiencia audiovisual colectiva, luego asentada como memoria colectiva.

En cuanto a esas imágenes, mucho ha sucedido en estos más de 90 años de mundiales, desde los precarios registros recogidos en los primeros torneos hasta los más sofisticados que nos abruman actualmente. Sabedora de la importancia de esos archivos, la FIFA ofrece en su sitio las películas reconocidas como oficiales, algunas realizadas por la misma entidad y otras de modo independiente pero homologadas tiempo después.

Echarles una mirada nos ayuda a entender cómo los mundiales de fútbol crecieron hasta transformarse en el evento deportivo más masivo, y cómo aquella FIFA fundada por un puñado de hombres notables (entiéndase la ironía) fue mutando en una multinacional de gerentes interesados en la pelota, siempre y cuando gire como un dínamo generador de dólares. En medio hay de todo: películas olvidadas o intrascendentes, algunas directamente silenciadas, metrajes recuperados, confusos episodios, alguna obra maestra y alguna que otra rareza.

Uruguay 1930 existió

El primer mundial organizado por la FIFA ha quedado entre lo fundacional y lo fantástico, fruto de lo poco que hay en materia de registros visuales. Las escasas imágenes habidas fueron restauradas en 2004, en ocasión de los cien años de la creación de la FIFA, para conformar un corto documental. Podemos ver en buena calidad la ceremonia inaugural, la construcción del mítico estadio Centenario y fragmentos coloreados de la final que los locales ganaron por 4 a 2 contra la Argentina.

Yugoslavia fue uno de los pocos equipos europeos que se embarcó para llegar a la lejana Montevideo. Luego de un mes de entrenamientos y vómitos en cubierta logró un destacado tercer puesto contra Estados Unidos, aunque muchos dudan de que ese partido haya existido. Al no haber fotos (ni obviamente filmaciones) nunca lo sabremos.

El Centenario se construyó para el primer mundial de la historia y celebra los 100 años de la Constitución uruguaya.

Alemanes, cámara y pelota

Fusball Weltmeisterschaft 1954 es el primer largometraje oficializado por la FIFA, retitulado ahora como German Giants. Gigantes alemanes que hicieron la película y además se coronaron campeones ante la a priori imbatible selección húngara en lo que se conoce como “El milagro de Berna”, un hecho de gran repercusión para una Alemania en reconstrucción que de a poco volvía a relacionarse con el mundo a través de las competencias deportivas. Esta película va a establecer una fórmula para las ediciones posteriores, alternando lo que sucedía en el verde césped con imágenes de las ciudades sede y escenas ficcionales acerca de cómo repercutió el mundial en la vida cotidiana. Hay niños rubios futbolizados en ensoñadores escenarios alpinos, y a veces no sabemos si estamos viendo un film deportivo, un documental de viajes o una versión berreta de La novicia rebelde. Hay una interesante aparición de Charles Chaplin, que supuestamente gustaba mucho del fútbol, en su mansión cercana a Ginebra, y veremos por primera vez en escena al que será el protagonista absoluto de esta y de todas las ediciones posteriores de la Copa del Mundo: la televisión.

El capitán alemán Fritz Walter y el crack húngaro Ferenc Puskas. Imagen del llamado «Milagro de Berna».

El siguiente film mundialista, llamado Hinein!, es sobre Suecia 1958, también producido por los alemanes. Es casi idéntico al anterior pero incorpora la enorme complejidad que supone la organización de un campeonato mundial con estadios más grandes, mayor afluencia de público y con evidentes avances técnicos para su registro.

Este será el primer mundial ganado por Brasil y por Pelé, un adolescente que aparece jugando torpemente con unos dardos junto a sus compañeros algo más grandulones.

¿Y la Argentina? Bueno, fue el año del famoso “desastre de Suecia”, por lo cual lo poco que se ve de nuestra selección es cuando queda vapuleada por alemanes y checos por igual. De todos modos, el afiche promocional que circuló en Alemania es con una foto del enfrentamiento entre los teutones y los argentinos. La foto es en blanco y negro, pero ese día la Argentina jugó con una camiseta amarilla. Creer o reventar.

Afiche alemán de la película oficial sobre Suecia 1958.

La última película mundialista realizada por los alemanes fue Viva Brazil, sobre la segunda copa ganada por la verde amarilla en Chile 1962. La primera curiosidad es que en los créditos figura una empresa argentina de publicidad encargada de la producción. En segundo lugar, es casi promiscua la visión euro centrista del film al hablar de ese pequeño y exótico país sudamericano, mofándose de cierto desorden y de su escasa infraestructura, aunque reconoce el esfuerzo de los chilenos para organizar un mundial mucho más que digno. Otra curiosidad es el modo en que la FIFA misma publica este contenido en su sitio oficial, promocionando Chile ‘62 como un festival de patadas y agresiones. Y sin dudas el tramo más jugoso es cuando los jugadores alemanes les muestran sus botines a sus colegas chilenos alucinados con los diseños de la marca de las tres tiras, ya instalada como una de las empresas ligadas al mundo del futbol. La FIFA empieza a entender el fabuloso negocio que tiene entre manos.

El título original de la película sobre Chile 1962, luego rebautizada como Viva Brazil, ganador del torneo.

Un poco de humor inglés

Para ganar en casa su primer mundial, los creadores del fútbol tenían a un talento llamado Bobby Charlton y un capitán llamado Bobby Moore, tan pintón y fotogénico que bien podría haber protagonizado alguna peli de 007. Pero el personaje más carismático era la perfecta antítesis de estos dos. Se llamaba Nobby Stiles, un petiso rudo y sin dientes que se ganó su sitial en el olimpo de la bizarreada futbolera gracias a este film bastante audaz realizado por dos desconocidos realizadores locales. Goal! Fue el primer film oficial de la FIFA en color, y además incorporó virtuosos primeros planos que le otorgan un dramatismo inexplorado hasta ese entonces.

Aquí está la primera de las tantas secuencias icónicas de la selección argentina en los mundiales: la expulsión de Rattín, justamente en un partido contra los ingleses, escena que dura unos cuantos minutos tan solo con una música de fondo. Ese jazz frenético acompaña las instancias del campeonato tirando cada tanto alguna frase picante, como cuando presenta a los enigmáticos norcoreanos: “podrían haber venido de cualquier planeta y hubiera sido lo mismo”, una cargada a la propia visión inglesa sobre un deporte cada vez más global que ya no responde a ese pretendido canon de caballerosidad y refinamiento. El golpe de gracia se produce cuando la película demuestra que la final entre Inglaterra y Alemania se ganó con un gol ilícito y con el ya mencionado Nobby Styles bailando frente al palco de la reina Isabel con la copa en una mano y su dentadura postiza en la otra.

Nobby Stiles, uno de los inesperados rostros de la Inglaterra campeona en 1966 y de la divertida película Goal!

La siguiente película, The World Under Their Feet, trata sobre México ‘70, para muchos el mejor mundial de la historia, el del Brasil de Pelé y Tostao. Sin embargo la película es malísima. Recurre a la treta ya fatigada de encajar escenas ficcionalizadas con niños afiebrados por el mundial. Esta vez es un guatemalteco que cruza la Centroamérica mestiza hasta llegar a México. ¡Pero es un niño rubio y de ojos celestes!

Pararon la pelota

La película oficial del mundial de Alemania de 1974 tiene lo suyo: una estructura rarísima porque empieza con el final del torneo, un protagonismo absoluto de los perdedores de la final (la famosa “naranja mecánica” holandesa). Estéticamente es estupenda, está muy bien filmada y aprovecha el factor climático para sumar colorido y dramatismo, ya que casi todo el torneo se jugó bajo la lluvia, inspirando al narrador pasajes de inesperada poética: “Truenan los cielos como en una ópera de Wagner y sobre el césped se desencadena el ocaso de los dioses”.

El título es Heading for Glory y fue nuevamente hecha por ingleses. Sorprenden algunas citas políticas que vale la pena explicar, como cuando subraya que el alemán Paul Breitner “es un jugador de ideas de izquierda” mientras le hace un golazo a Chile, en ese entonces bajo la dictadura de Pinochet y (aunque el film no lo aclare) clasificado al Mundial porque la Unión Soviética se negó a jugar el repechaje en Santiago de Chile. En un momento del partido entre Alemania y Polonia los jugadores paran la pelota y se quedan quietitos. Es el minuto de silencio por la muerte de Juan Domingo Perón. El locutor regresa y dice: “La izquierda homenajea a la derecha”.

Tres películas tres

A nadie debería extrañar que el capítulo más entreverado corresponda al Mundial realizado en 1978 por la Argentina. La película oficial le fue encargada a una productora brasileña que llegó con equipamientos de altísima calidad y recogió magníficas imágenes de los partidos; el resultado fue el film O poder do futebol dirigido por Mauricio Sherman. Con solo contar que la escena de apertura es una entrevista ficticia a Galimberti denunciando a la dictadura pero prometiendo una tregua mundialista se entenderá por qué no hubo estreno en la Argentina y escasa circulación en otros países. Se cuenta que en el momento de la presentación en sociedad estaban los dirigentes argentinos azorados con semejante escena y patalearon hasta que la FIFA, aunque ya estaba embarcada en mostrarse al mundo como una embajadora de la paz, decidió ser amable con sus socios de la dictadura y la retiró de circulación. Pero aún se puede ver por ahí y acompaña esta nota. Tiempo después se presentó Argentina campeones sin aquellas escenas molestas, con muy poco de Videla y la Junta Militar y, a diferencia de otros films de esta lista, con poco y nada de la vida cotidiana de los argentinos.

El remate de esta saga es la infame La fiesta de todos, más bien la película oficial del Mundial ’78 según la dictadura, que sospechosamente tiene muchas de las imágenes del film anterior. La explicación es muy sencilla: esas fueron adquiridas a la ya citada productora brasileña mediante la “gestión” de un tal Joao Havelange, también brasileño, el flamante mandamás de la FIFA que cambió para siempre el modo de hacer negocios a través del fútbol.

O Poder do Futebol, con Tarantini en su afiche, iba a ser la película oficial del Mundial ’78, pero la FIFA la retiró de circulación para no molestar a la dictadura.

Llegaron los héroes

Con un título nada ingenioso, la película G’olé! muestra lo sucedido durante el Mundial de España 1982. No es nada sobresaliente, pero aparece por primera el fenómeno cada vez más creciente de las multitudes siguiendo a sus selecciones allí donde haya una Copa del Mundo. Con algo de amargura, G’olé! despide tempranamente a un azotado y frustrado Diego Maradona augurándole un futuro reinado, perfecta introducción para lo que sucedería cuatro años después en México ‘86, con el mejor Diego y el mejor film de la historia de los mundiales.

Héroes supera por lejos a todos los otros films por algo muy sencillo: es una película sobre fútbol, y se vale sólo del fútbol para desbordar emoción, intriga, belleza y dramatismo. El proyecto de esta película oficial de México ‘86 fue confiado a Tony Maylan, un realizador inglés experimentado en la realización de documentales deportivos y videos musicales, y por eso cada tramo de la película tiene la singularidad de un video-clip, con su propia música y su lenguaje.

El Mundial de México ‘86 fue también la cita de muchas figuras aspirantes al cetro vacante que dejaron Pelé y Johann Cruyff. Ahora parece insólito, pero en ese entonces no había unanimidad acerca de cuál era el mejor jugador del mundo. La película se construyó a partir del seguimiento en primerísimos planos de quienes podrían consagrarse como el nuevo rey del mundo pelota: Platini, Rummenigge, Butragueño, Hugo Sánchez, Francescoli, Sócrates, Laudrup, Lineker y por supuesto Maradona, que según el mismo texto de la película de 1986, “entró en la inmortalidad”. Gracias a Héroes tenemos secuencias inolvidables como la definición por penales entre Brasil y Francia y los planos detalle de Maradona y su performance histórica. Aquella toma del gol del siglo contra los ingleses, la que enfoca sólo las piernas de Diego, fue hecha para esta película y por camarógrafos ingleses.

Pero esto es la Argentina, y siempre hay una anécdota. Héroes iba estrenarse en 1987, mientras en nuestro país había muchísima expectativa, ¿Quién no quería ver la gesta maradoniana en pantalla grande? La Editorial Atlántida, que publicaba la popularísima revista El Gráfico, apuró su estreno local para las navidades de 1986 con un evento muy concurrido en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. El mismo Maradona sugirió la canción de Valeria Lynch Me das cada día más para que conviva con la banda sonora de Rick Wakeman, tecladista del grupo Yes. En esta versión local se oye la inconfundible voz del locutor argentino Ernesto Frith en lugar de la de Michael Caine y en el último segundo se congela la imagen cuando Diego es saludado por Constancio Vigil, el entonces dueño de Atlántida y, según el mismo se ufanaba, amigo personal de Joao Havelange, o sea el dueño de la pelota.

Para el campeonato siguiente, el de Italia ‘90, se intentó repetir el éxito inusual de Héroes con Héroes II, noches mágicas, título que alude a la inolvidable canción oficial. Pero ni el Mundial ni la película fueron tan buenos, y además la masividad de las emisiones televisivas atentó contra el interés de un público que, una vez terminado el torneo, ya había visto todo lo que tenía que ver. Tampoco reviste tanto interés lo hecho sobre Estados Unidos ‘94, Two Billion Hearts, acaso solo atendible para ver cómo a la población local le interesa un pepino el mundial de “soccer” que se está jugando en su país.

Epílogo

Por más que haya habido avances tecnológicos, llegándose a realizar una primera película FIFA en 3D y otra en 4K, en las últimas décadas los films oficiales sobre los mundiales de fútbol han perdido el sentido e interés que tuvieron alguna vez. Estas producciones poco y nada tienen que ofrecer en un mundo atestado de medios de comunicación y plataformas durante las 24 horas del día. Y además, si antes las recaudaciones en salas no eran demasiado apetitosas, menos lo serán hoy. Para la FIFA las ganancias van muy por otro lado, pero al menos se han preocupado por poner en valor aquellas películas que son sin dudas la crónica más valiosa sobre la historia de los mundiales de fútbol, esa majestad tan irresistible como odiosa que cada cuatro años se adueña de los ojos del globo terráqueo.

* Tomado de El Cohete a la Luna, escrito por Felipe Bonacina