No viajo a Cancún

Como muchos de ustedes, hace varios años tuve la oportunidad de pasar unas vacaciones en el paraíso mexicano que se llama Cancún.

Cancún es un balneario ubicado en el estado de Quintana Roo en el oeste del país y a 1600 kilómetros de Ciudad de México. En la actualidad tiene un promedio de un millón de habitantes y se caracteriza por su clima templado, mar cristalino, playas de arena blanca y una franja costera con los mejores hoteles del mundo.

A diferencia de nuestros balnearios del norte, como Punta Sal o Máncora, donde en muchos casos no hay servicios básicos,  la creación de Cancún fue parte de un proyecto promovido por el gobierno federal mexicano en los años sesenta y no algo espontáneo y totalmente desorganizado como nuestras playas norteñas.

El proyecto de su desarrollo se inició en los años sesenta con la búsqueda en todo el litoral mexicano de zonas potenciales para su explotación, como destinos vacacionales de playa. Hacia el año 1968, los técnicos del Banco de México, habían identificado seis puntos ideales para albergar nuevos focos de desarrollo turísticos, uno de ellos era la Isla de Cancún.

Los arquitectos Enrique y Agustín Landa Verdugo con la colaboración del arquitecto Javier Solórzano, fueron los urbanistas que imaginaron la traza urbana de Cancún. El proyecto original concibió dos grandes áreas: la zona hotelera, en la isla y la ciudad de servicios, en tierra firme.

Como parte del plan maestro se tuvo que engrosar la Isla Cancún hasta un mínimo de 250 a 300 metros para que se pudieran construir los grandes hoteles e instalar lo que hoy se conoce como el campo de golf Pok Ta Pok.

Un dato curioso durante su desarrollo, fue que Cancún empezó sus operaciones aéreas en una pista rudimentaria y con una torre de control hecha de palos y palma que funcionó hasta 1973. El nuevo aeropuerto fue construido a 20 kilómetros del centro de Cancún y hoy en día es el segundo aeropuerto con más tráfico de pasajeros de México, después del aeropuerto de la Ciudad de México. En 1976 un jet comercial aterrizó por error en la avenida Kabah, donde antes funcionaba el rudimentario aeropuerto, pero que para esas fechas ya era una avenida en pleno funcionamiento.

El proyecto de desarrollo de Cancún ha sido tan exitoso que los números hablan por sí mismos. Según los últimos datos estadísticos que pude encontrar, en Cancún hay 190 hoteles de lujo que representan 37,300 habitaciones. El año 2021 recibió poco mas de 20 millones de turistas. En el año 2019, antes de la pandemia, Cancún generó más de 15 mil millones de dólares para la economía del estado de Quintana Roo.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que Cancún sea un destino preferido por los peruanos para estas fechas, en especial año nuevo. Sin embargo este año, soy de la opinión que debemos buscar otros rumbos que no sean mexicanos, para mostrarle al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, más conocido como AMLO, nuestra protesta ante su injerencia e intervención en la política peruana en las últimas semanas.

Es de conocimiento público que Pedro Castillo estaba en camino a la embajada de México para asilarse después del fracasado golpe de estado, pero fue detenido por la policía. Los que sí llegaron a su destino fueron su esposa Lilia Paredes y sus menores hijos.

La semana pasada, el gobierno mexicano le otorgó el asilo político a Paredes, a pesar que sobre ella recae más de una investigación fiscal por corrupción y organización criminal. Al momento de llegar a México, el gobierno mexicano tuvo la desfachatez de publicar: “En nombre del gobierno de México, recibí en nuestro país a la familia Castillo, protegida por la figura del asilo político. Fieles a nuestra tradición diplomática y orgullo de la política exterior mexicana que sigue salvando vidas en América Latina”. Todos sabemos que la vida de Lilia Paredes no corría ningún peligro en Perú y que lo único que la esperaba era la cárcel, por corrupta.

Pero la intervención de AMLO no se circunscribe a darle asilo político a la esposa del corrupto Castillo, sino que junto con los gobiernos de Argentina, Colombia y Bolivia emitieron un comunicado conjunto en el cual “expresan su profunda preocupación por los recientes sucesos que resultaron en la remoción y detención de Pedro Castillo, presidente de la República del Perú”. Según AMLO y compañía “Castillo Terrones fue víctima de un antidemocrático hostigamiento”. Además exhortan a las instituciones peruanas “de abstenerse de revertir la voluntad popular expresada con el libre sufragio” y a “respetar a cabalidad los derechos humanos del presidente Pedro Castillo y que se le garantice la protección judicial”. AMLO no ha querido reconocer como legítimo al gobierno de Dina Boluarte, en una clara interferencia en la política peruana.

El gobierno de Boluarte en una acción bastante tardía y luego de una semana, llamó en consulta a los embajadores peruanos en estos cuatro países. Además declaró persona no grata al embajador mexicano y le otorgó 72 horas para que abandone nuestro país.

Será una lástima perdernos las bellísimas playas de Cancún y la Riviera Maya, al menos por un tiempo, pero tenemos que mandarle un mensaje a AMLO y que este sea donde mas les duele, en el bolsillo.

Aprovecho estas líneas para desearles a todos ustedes un feliz año.

Como dijo el “Terminator”: “I will be back” después de unas merecidas vacaciones.

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