Anno dopo anno

En algunos pocos días, va a iniciarse una nueva cuenta, que, en concreto, significa la espera de una mejoría en la salud deteriorada que esta patria adolorida sufre, sin que sus hijos den una muestra de conmoverse, apiadarse, y le alcancen, siquiera, una panacea.

Qué distante y extraño se siente, el bolognesino manifiesto, de luchar hasta quemar el último cartucho, cuando resulta que nos place la hediondez política, emanada de los antros, en que se gesta impunemente la traición que implica una organización criminal destinada a asaltar el erario. Como si estuviésemos inmersos en una orgía masoquista, confundiendo la ebriedad y la insania.

Las hordas insensatas impregnadas de odio e ira exasperada, destruyeron lo que a todos nos sirve, y nos permite desarrollar el trabajo diario, en olas vandálicas digitadas por los socios de la minería ilegal y el narcotráfico, a quienes deben las migajas con que alimentan sus rencores.

Las idas y venidas de los cobardes, han sido registradas muy tarde, porque la fuerza policial que cuida de la paz social y que todo sea conforme a Ley, fue corrompida (felizmente solo en los altos mandos) por el bufón que escribió el absurdo de gobierno en las páginas negras de la historia, antes de que termine el año 2022.

Empieza, en estas postrimerías, un largo y tedioso trajinar por los pasillos de los juzgados, y se repiten confesiones y colaboraciones diligentes al viejo estilo de sálvese quien pueda. La ciudadanía, mientras tanto, busca en la primera Presidente, una luz de honestidad que alumbre el futuro brumoso e indecente, precipitado por el partido que la llevó al poder.

Hay, por supuesto, partidos y partidos, en estas cuestiones de alcanzar el poder por el poder. Cosa que saben y mantienen incólume los “ciento treinta” que succionan la teta estatal entre semana y semana de representación (turismo y relajamiento encubierto), sin darse por enterados de esta lacra que nos constriñe, preocupa y entristece.

Se ha sembrado sin disimulo y con énfasis el anti patriotismo, como respuesta de las incapacidades e incompetencias que arrastran los aventureros metidos en política gracias a la negligencia de una democracia incipiente.

El escándalo no tiene límite, porque redunda diariamente, gracias a la valentía del Ministerio Público, en su función imperativa de perseguir el delito.

El período transitorio que nos llevará a nuevas elecciones está plagado de amenazas y chantajes de una izquierda irracional y repugnantemente confesa, en sus pretensiones de aniquilar las instituciones, desconociendo la Ley de Leyes, como pretexto para instaurar un régimen comunista pautado desde el foro de Sao Paulo.

“Hay pues hermanos mucho que hacer”, pero antes que todo, debe recuperarse el honor de sentirse peruano, en una época en que somos libres de nacimiento, aspirantes a alcanzar las metas más difíciles, tal y como lo muestran los monumentos legados por nuestros ancestros. Podemos iniciar el año 2023 reconociéndonos como miembros de una sociedad pujante, que no renuncia a sus principios, tal cual nos enseñaron nuestros héroes.

¡Viva el Perú!