Un presidente de otro planeta

Eusebio había estado con gripe los últimos dos días, así que no fue a trabajar ni vio noticias, estuvo desconectado del mundo ese tiempo. El timbre de su casa sonaba insistentemente, pero como no esperaba a nadie y suponía que era algún vendedor.

Decidió salir a desayunar y se encontró con una multitud de periodistas que lo esperaban y se dirigían a él como señor presidente. ¿Qué diablos pasa?, pensó Eusebio, y la prensa le explicó que tanto el Presidente como el primer vicepresidente acababan de ser destituidos por el Congreso y por sucesión constitucional a él le correspondía asumir la Presidencia de la República. Revise su celular le dijeron y notó que lo tenía apagado.

Una vez que se comunicó con el presidente del Congreso, acordaron que Eusebio acudiría al recinto cuatro horas más tarde para asumir el cargo.

Llegado el momento se impuso la banda presidencial a Eusebio y se le cedió el turno para dar su Mensaje a la Nación el cual fue el siguiente:

Estimados conciudadanos, debo confesar que acepté postular a la segunda vice presidencia como relleno; quien era el candidato tenía un impedimento y por hacerle un favor a un amigo accedí a que me pongan en la plancha. Sin embargo, debo también confesar que considero esto no solo un honor sino también una oportunidad de trabajar por mi país y hacer algunas reformas que creo que la gente de a pie viene pidiendo sin ser escuchada.

Primero, voy a acabar con la prensa “mermelera” ¿Cómo? Muy simple: mi gobierno no pondrá ningún tipo de aviso ni publicidad en otro medio que no sean el canal y la radio del Estado.

Segundo, voy a “descaviarizar” la administración pública. Todas las consultorías quedan suspendidas desde este momento, asimismo se prohíben las reuniones en hoteles y clubes, dizque para mejorar la comunicación entre los funcionarios. ¿Quieren reunirse? Háganlo en sus oficinas, paguen sus propios almuerzos y no despilfarren el dinero del Estado.

Tercero, voy a presentar un proyecto de ley para que las deudas por impuestos y tributos de las personas jurídicas, entiéndase empresas, no prescriban nunca y dado que el Poder Judicial demora años en resolver estos casos mi proyecto de ley también contemplará el paso de estos casos a tribunales militares sin rostro, para que haya justicia rápida y eficiente.

Eusebio siguió explicando sus propuestas. El Congreso, la prensa y el público en general estaban asombrados. ¿Era un loco? ¿Un patriota? Solo el tiempo lo diría.

Por último, prosiguió Eusebio, voy a cambiar esa mala costumbre de mandar a la policía desarmada a manejar desordenes. La policía no es saco de arena, pera loca o muñeco porfiado para que los golpeen a gusto; quien lance piedras o bombas molotov será reprimido con bombas lacrimógenas, balas de goma y hasta perdigones. Quien lance piedras usando hondas u otros artefactos similares será reprimido con balas a las piernas, si les cae en el cuerpo o la cabeza se considerará un simple accidente y el que se atreva a disparar contra las fuerzas del orden con armas de fuego hechizas o convencionales será abatido. Las fuerzas del orden dispararán a matar.

Caviares e izquierdistas radicales convocaron a protestas exigiendo la renuncia de Eusebio. Tres días después de asumido el mando ocurrió la primera protesta la cual dejó 122 civiles muertos. La “caviarada” tildó de asesino a Eusebio, pero no contaron con que en cada caso se filmó a los fallecidos disparando con armas contra las fuerzas del orden, y tuvieron que morderse la lengua; el segundo día fueron 130 los muertos y de la misma manera se demostró que hubo un uso adecuado de la fuerza. Al tercer día fueron los mismos manifestantes quienes denunciaron a los que portaban armas y explosivos, ese día no hubo muertos pero sí decenas de detenidos; el cuarto día no hubo manifestaciones  y el Ejército detuvo a los instigadores, que habían “cantado” ante la amenaza de penas de 30 años de cárcel e inclusive la pena de muerte en aplicación de la ley marcial. Por ello, muchos izquierdistas caviares y radicales fueron detenidos por el delito de sedición, entre ellos se hallaban Guillermo el Pendejo, Guido el Fallido y Verónica la Apestosa.

Eusebio había pacificado el país, las reformas se empezaron a dar con honestidad y sinceridad. Eusebio había captado el apoyo de muchos congresistas de diversas bancadas, creando su propia bancada llamada Honestidad y Desarrollo.

Eusebio llegó a la cima de la popularidad cuando destituyó a uno de sus ministros por televisión nacional cuando le ordenó explicar una denuncia de corrupción en su contra. Al ver que el ministro evadía las preguntas Eusebio no solo lo destituyó por televisión nacional sino que hizo una llamada tripartita con el Presidente del Congreso y la Fiscal de la Nación para exigirles que al día siguiente a primera hora el Congreso le retirase al ministro el beneficio del antejuicio político y que la Fiscalía empiece a investigar; el enjuiciamiento a un ministro corrupto amerita toda la celeridad del Parlamento y del Ministerio Público, enfatizó el Presidente.

 Eusebio empezó a sentir un zumbido en sus oídos, este era repetitivo y cada vez más fuerte. De pronto vio que estaba en el dormitorio de su casa y apagó la alarma de su celular, la fiebre lo hace a uno tener sueños alucinantes, pensó.