Fallido clon de Evo

Castillo quiso reeditar en el Perú el guion del eje bolivariano

El autogolpe de Castillo del 7 de diciembre fracasó por una falla crucial en la cadena de acontecimientos. El modelo más cercano era el de las elecciones bolivianas, que terminaron en el golpe que envió a Evo Morales a México. Evo volvería de México luego a preparar su regreso a Bolivia desde la Argentina.

Es el guión que el eje La Habana-Caracas-Evo pensó reeditar en el Perú para romper el estancamiento en que cayó el gobierno de Castillo al fracasar el plan de la captura inconstitucional del poder en el Perú a causa de la falla crítica en el plan. La pieza clave era el apoyo militar a un plan inconstitucional.

En vista del estancamiento político que le impidió convocar a una constituyente, Castillo se prestó a una farsa montada por inteligencia extranjera: anunció un cierre inconstitucional del Congreso y la convocatoria igualmente inconstitucionalmente a una constituyente. Solo que esta vez no funcionó ya el viejo truco de la “negación fáctica de la confianza”. Ya conocemos este pretexto gastado. Obedeciendo a la Constitución, en consecuencia, las Fuerzas Armadas del Perú se negaron a acatarlo.

El autogolpe de Castillo estaba destinado precisamente a producir una reacción política, a la que seguiría su fuga México para preparar su posterior retorno y entrar al Perú por Puno desde Bolivia. El plan incluía el levantamiento del Sur del Perú en ese momento. Solo que –como diría Chespirito, ¡Chanfles!– Castillo no logró llegar al asilo preparado en la embajada de México. Fue detenido en el camino y llevado a la Prefectura de Lima. Este detalle fundamental ha abortado el plan del Eje. 

El levantamiento previsto para apoyar el retorno de Castillo ha tenido que ser lanzado prematuramente. Lo que hoy se ve en el Sur –desde un punto de vista táctico la toma precaria de tres aeropuertos por horas y el vandalismo contra empresas privadas– muestra que nunca hubo un plan articulado ni una logística de apoyo. En suma, que el autogolpe de Castillo nunca fue sostenible.

Más bien, lo que queda claro hoy a la comunidad internacional que defendió la Presidencia de Castillo mientras fue constitucional, es que el Perú no es Cuba, ni Venezuela, ni Bolivia. El comunicado de los presidentes de México, Colombia, Argentina y Bolivia, de una audacia incalificable, es un paso en falso. Resulta dudoso que vaya a recibir el respaldo de las democracias americanas y europeas, que guardan prudente silencio.

En lo que a manipulación mediática se refiere, el Perú ya sabe más que otros países, porque vivió todo esto hace 40 años y hace 30 sobrevivió victorioso en la batalla contra el narcoterrorismo senderista y emerretista. Esa misma guerra en cambio, desgraciadamente, infectó a una clase política sudamericana entera, que hoy pretende imponerle su extraviada voluntad a un país libre.